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De la resistencia civil pacífica a la acción directa. Esa parece ser la consigna de los sectores más conservadores de la sociedad cruceña, que hoy hostigaron con violencia al Presidente Evo Morales y le obligaron literalmente a escapar del aula magna de la Universidad Gabriel René Moreno en Santa Cruz.
Morales llegó a la casa de estudios superiores de la capital cruceña invitado por las autoridades universitarias, y mientras discurseaba en el aula repleta de docentes, estudiantes y otros invitados, un grupo de jóvenes de la ultraderechista Unión Juvenil Cruceñista, el grupo de choque del Comité Cívico empresarial, golpeaba las ventanas del recinto desde fuera coreando las consignas como "autonomía, autonomía...", "dos tercios, dos tercios" y algunos insultos contra el Primer Mandatario.
Morales se vio obligado a interrumpir su discurso y salir apresuradamente. Ya en el campus universitario, la caravana oficial fue apedreada, y las fuerzas de seguridad tuvieron que dispersar a la muchedumbre con elementos químicos.
El hecho sucedió pocas horas después de que la Asamblea de la Cruceñidad convocara a la resistencia civil contra las medidas gubernamentales. El empresariado oriental, los latifundistas y políticos de derecha convocaron a los departamentos de la "media luna" a combatir al gobierno con huelgas de hambre, movilizaciones y hasta con el cierre de válvulas en los campos gasíferos y petroleros.
La derecha está en pie de guerra porque la mayoría oficialista en el Congreso aprobó una ley agraria que dispone la expropiación de latifundios improductivos, porque el MAS impuso en la Asamblea Constituyente la probación de articulados por mayoría y no por dos tercios de votos para evitar que las minorías políticas obstaculicen la redacción de una nueva Carta Magna, y porque en Ejecutivo pretende fiscalizar a los gobiernos departamentales en el Congreso y eventualmente destituir a Prefectos.
Las seis prefecturas hostiles al gobierno conformaron un bloque para combatir las medidas de la denominada "revolución cultural" del MAS, en el que interactúan cívicos, representantes de Podemos, UN y MNR, y lo más selecto de la burguesía nacional. Este grupo se reunirá el lunes en Cochabamba, donde se podría declarar una "huelga general indefinida" en los departamentos de la "media luna", es decir en Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija.
Los benianos determinaron hoy replegar a sus representantes en el Congreso y recolectar firmas para un referéndum que acepte o rechace una Constitución Política del Estado aprobada por el oficialismo.
En La Paz, la derecha en pleno impidió la instalación de la 18ava sesión de Congreso Nacional que debía tratar el permiso para el Presidente Evo Morales, que viajará al norte de Europa en busca de inversiones. La oposición replegó a sus representantes congresales en protesta por el "avasallamiento que sufren en la Asamblea Constituyente y por la falta de acuerdo para modificar la ley INRA".
Anoche en la Asamblea de la Cruceñidad se escucharon furibundos discursos antigubernamentales, después de que el Ejecutivo publicó una lista de 15 familias del oriente -en la que figuran ex políticos, parlamentarios y empresarios- que poseen más de 350 mil hectáreas de tierra en Santa Cruz y Beni.
Representantes de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) dijeron estar al límite de la paciencia por los constantes insultos del Primer Mandatario. "Santa Cruz cada vez que asume una decisión cívica, el gobierno siempre trata de minimizarlo. Lamentablemente el gobierno no tiene seriedad, no se trata de publicar listas en los periódicos ni dar conferencias de prensas. Si esas listas corresponden a personas que no están haciendo uso adecuado de la tierra deben ser sancionados, pero que lo hagan. Pero no se puede mostrar una listita y no hacer nada, eso sería una negligencia, eso se llama incapacidad", aseveró Mauricio Roca.
"¡Autonomía carajo! ‘¡Democracia carajo!", expresaron los empresarios en la Asamblea, mientras que algunos cívicos y asesores de la corriente autonomista como Carlos Dabdoub no tuvieron el menor reparo en amenazar con la "independencia" cruceña si es que el gobierno insiste en llevar adelante sus medidas sin concertar con la oposición derechista.
¿De la resistencia pacífica al alzamiento armado?
El movimiento autonomista de la "media luna" recalca que su plan de resistencia solo incluye medidas de presión pacíficas, como el ayuno indefinido que 20 mujeres del Comité Cívico pro Santa Cruz instalaron hoy en la capital oriental.
Sin embargo, la publicación Confidencial Digital de España denunció que hace algunas semanas grupos de mercenarios españoles fueron contactados por industriales, terratenientes y algunos políticos de los departamentos de Santa Cruz y Beni para desarrollar una "opción de fuerza" en Bolivia.
El medio de comunicación europeo pudo confirmar que no son "elucubraciones" las denuncias de golpe que lanza el gobierno insistentemente. Se habla de 650 combatientes, una decena de los cuales ya estaría en Bolivia para preparar la subversión con fusiles M4 americanos, Famae, Micro Uzis y máquinas para fuego de cobertura.
Los terratenientes ya estarían actuando por su cuenta para defender sus intereses. El presidente de la Comisión Especial de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios de la Cámara de Diputados Heriberto Lázaro Barcaya denunció que en la localidad de San Borja y comunidades aledañas los hacendados están avasallando a campesinos e indígenas pobres. "En el oriente boliviano, en el Beni, la Comisión encontró que hay muchos hermanos indígenas originarios que son del lugar y los que emigraron allí son explotados en el trabajo y avasallados en sus derechos, no tienen derecho a la educación a la salud porque en esas haciendas no hay escuelas ni centros de salud", dijo.
"No me asustan"
En San Julián, Santa Cruz, el Primer Mandatario acusó hoy a los latifundistas y sus expresiones políticas conservadoras de atentar contra la democracia y de ser los "pichones de la dictadura". Dijo que quienes ahora actúan contra la democracia son los mismos que en 2002 lo expulsaron del Congreso para llevarlo a la cárcel y así evitar su candidatura a la Presidencia.
"Igual voy a viajar compañeros para seguir buscando plata y traer tractores como aquí estamos trayendo en este momento. No me van a asustar, no nos van amedrentar", enfatizó Morales en San Julián, molesto porque el Congreso no autorizó sus viajes al exterior.
Evo comentó que los ricos van a la huelga de hambre sólo por estética y por tener más plata. "Me dicen ahí que hay algunos empresarios en huelga de hambre, pero no hacen la huelga por ética sino por estética. ¿Los empresarios en huelga qué quieren? Quieren más plata, más tierra, más empresas para ellos".
La huelga de los empresarios está mostrando que en Bolivia "hay un cambio, hay una revolución y que algunas familias defienden sus intereses. El retiro de algunos grupos oligárquicos del Senado es en defensa del latifundio. El latifundio es inconstitucional y lo que queremos como gobierno es instrumentos para acabar con el latifundio". El Poder Ejecutivo, asegura Evo, quiere terminar con el negocio de tierras, con aquellos predios que enriquecen incluso a extranjeros. "Hasta los banqueros españoles ya son terratenientes en Bolivia".
El Presidente no ocultó su molestia por el bloqueo opositor en el Senado, instancia que debe tratar la ley agraria antilatifundista. "Creo es importante pedir a la Asamblea Constituyente que la nueva Constitución Política del Estado no tenga senadores, para qué sirven senadores antipatrias, enemigos de Bolivia. Que haya una sola cámara", sugirió Morales.
Evo pidió a la gente que tiene plata y muchas tierras que por ética, por moral, renuncien a su latifundio pensando en los pobres de Bolivia. "Si ellos son solidarios, si ellos piensan en las mayorías nacionales, deberían de renunciar a sus tierras y de manera consciente distribuirlas", dijo.
Monday, November 27, 2006
Friday, November 03, 2006
Bolivia y la nacionalización de los hidrocarburos: ¡tantas cosas por aprender!
Alberto Montero Soler
Rebelión
Bolivia acaba de dar una lección de ejercicio de soberanía y se ha convertido en un ejemplo a seguir para otros países que, como él, se encuentran entre los más empobrecidos del mundo y, al mismo tiempo y como muchos de estos últimos, entre los que más riquezas naturales poseen.
Bolivia acaba de demostrar que, frente al poder de las transnacionales, puede y debe imponerse la razón de Estado, esto es, las políticas que promueven aquello que redunda en interés y utilidad de la república y sus ciudadanos. Y que esa razón de Estado es tanto más poderosa y más perentorio el recurso a la misma cuanto mayor es la miseria en la que viven esos pueblos mientras las transnacionales, en connivencia con gobernantes corruptos, expolian sus riquezas.
Bolivia acaba de poner en evidencia a todos los que piensan que los Estados y sus intereses no pueden ni deben estar por encima de las empresas transnacionales y sus beneficios; a todos los que la miraron con desprecio y profetizaron sobre la inviabilidad de un ultimátum destinado a modificar un estado de cosas tan injusto como sangrante; a todos los que pensaban que los pueblos pobres no tienen derecho a la dignidad y, mucho menos, a exigir de los demás un trato digno.
Bolivia acaba de demostrar que los derechos de propiedad, igual que los establece y garantiza el Estado, pueden ser revertidos por ese mismo Estado cuando atentan gravemente al interés general; que en una economía nada es intocable, que todo es alterable; que la economía no funciona con leyes naturales ni constituye un orden superior que puede imponerse sobre los ciudadanos y reclamar, desde allí, su intangibilidad.
Bolivia acaba de enseñar al mundo que voluntad política y respaldo popular son elementos suficientes para vencer las resistencias, las amenazas y los chantajes de las empresas transnacionales y de los gobiernos que, vergonzosamente, les ofrecen cobertura diplomática.
Y todo esto lo ha hecho Bolivia en menos de diez meses de gobierno de su primer dirigente indígena y frente a uno de los poderes difusos más importantes del planeta: la industria petrolera.
Repsol-YPF, España y Bolivia: crónica de un desencuentro permanente.
Todas esas lecciones las ha dado Bolivia a pesar del desprecio con el que desde el mundo desarrollado occidental y, en concreto, desde España se contempló el anuncio que el 1 de mayo realizó Evo Morales sobre el inicio del proceso de nacionalización de los hidrocarburos y el establecimiento de un plazo de 180 días para que las empresas transnacionales que operaban en el sector migraran sus contratos en vigor –generalmente, de riesgo compartido- hacia contratos de servicios.
¿Cómo se atrevían esos “indígenas” (por no utilizar algunas de las palabras malsonantes que por entonces se escucharon) a pensar que eso podía ser lo mejor para su país? ¿Cómo pretendían encontrar una salida a la pobreza sin la ayuda de las transnacionales que los expoliaban? ¿Cómo se planteaban que el camino al desarrollo podía pasar por los mismos cauces que los países más avanzados del planeta habían transitado muchas décadas atrás y que, ahora, desde su cómoda posición condenaban por intervencionistas?
Pues bien, la decisión se tomó; el ultimátum se planteó y, desde ese momento, la pelota quedaba en el tejado de las empresas transnacionales.
Una de ellas, Repsol-YPF, emprendía una furibunda campaña contra las legítimas intenciones del gobierno boliviano orquestada a través de los medios de comunicación que tan serviles se muestran a los intereses de quienes les aportan ingentes cantidades de dinero en publicidad. Y, lo que es más grave, respaldada por el propio gobierno español que no paró mientes en convertir en generales lo que no eran sino intereses particulares de una empresa transnacional cuyo capital es, para mayor vergüenza ajena, mayoritariamente extranjero.
La sucesión de desencuentros entre la empresa transnacional y el gobierno boliviano durante el periodo de 180 días que aquélla ha tenido para adaptarse a la nueva normativa boliviana acabó, en algunos casos, convirtiéndose en objeto de atención de la justicia boliviana. Y, sistemáticamente, cada vez que ésta intervenía se producía la reacción de las autoridades españolas cuestionando tanto su independencia como la existencia de una verdadera democracia en Bolivia. Para el recuerdo quedan, en este sentido, algunas memorables declaraciones del ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, de las que ya en su momento nos ocupamos.
Pero, al mismo tiempo y para que no todo fuera tensión, el ejecutivo español trataba de allanar el terreno con reiterados viajes y llamadas de diferentes ministros y altos cargos de su diplomacia en un intento por convencer al gobierno boliviano de que en España podía encontrar un aliado estratégico de primera línea y que todo ello pasaba por un tratamiento de favor para Repsol-YPF.
Mientras, ésta seguía en sus trece y amenazaba con retirarse de Bolivia y llevar el caso ante los tribunales de arbitraje internacionales; denunciaba la persecución judicial a la que, a su entender, estaba siendo sometida desde la Fiscalía boliviana; y, ya últimamente, su presidente, Antoni Brufau, reclamaba la ampliación del plazo para la negociación de los nuevos contratos.
De todo ello debe deducirse, por lo tanto, que Repsol-YPF tenía un elevado interés por continuar con su actividad en Bolivia; en caso contrario, habría bastado con que hubiera abandonado el país desde el momento en que se le informó de que iban a modificarse las condiciones bajo las que venía operando. Y, evidentemente, ese interés solo podía ser producto de que los beneficios que obtenía en Bolivia eran lo suficientemente importantes como para justificar sus actuaciones y, al mismo tiempo, implicar al gobierno español en la defensa de sus intereses.
El nuevo contexto del sector de hidrocarburos en Bolivia.
Pues bien, por fin el pasado 28 de octubre concluyó el plazo para la adaptación de los contratos de las transnacionales al decreto de nacionalización de los hidrocarburos y las 10 empresas del sector con presencia en Bolivia, incluidas las dos más importantes -Petrobras y Repsol-YPF-, decidieron acatarlo y cambiar sus contratos de riesgo compartido a contratos de prestación de servicios.
De esa forma, las transnacionales han perdido sus derechos de propiedad sobre los hidrocarburos en las distintas fases del proceso y han pasado a convertirse en meras operadoras al servicio de la empresa estatal Yacimientos Petroleros Fiscales Bolivianos (YPFB) a cambio de una retribución variable sobre los ingresos del negocio.
La distribución de la renta derivada de la explotación y venta de los hidrocarburos queda ahora de la siguiente forma: un 18% en concepto de regalías (es decir, el porcentaje de los ingresos que se paga al propietario del recurso por permitir su explotación); un 32% en concepto de Impuesto Directo de Hidrocarburos (IDH) –ambos impuestos ya existían desde 2005-; y a ellos se suma ahora un impuesto del 32% que deberán pagar aquellas empresas que operan en los grandes campos del país con producción superior a los 100 millones de pies cúbicos diarios certificada en 2005 (San Alberto y San Antonio; los otros grandes campos son Margarita, Itaú e Incahuasi); en el resto de campos -mucho menores, la mayor parte de carácter marginal y destinados a la producción de petróleo y gas para el mercado interno-, los impuestos se mantendrán en el 50%, esto es, regalías más IDH.
Evidentemente, son las empresas más importantes y con mayor presencia en el país (Petrobras, Repsol-YPF y TotalFinaElf) las que operan bajo la forma de consorcios en esos grandes campos y, por lo tanto, a las que corresponderá pagar un mayor porcentaje de impuestos; aunque también es cierto que el cálculo de esos impuestos es variable a lo largo del tiempo y dependerá de las condiciones de explotación, las inversiones efectuadas y los precios del gas.
En cualquier caso, las condiciones concretas pactadas en los contratos no se han hecho públicas aún porque deben ser remitidos al Congreso boliviano para que éste proceda a ratificarlos. Acto de ratificación que, por cierto, no había tenido lugar para los contratos con los que las transnacionales venían operando hasta estos momentos y que provocaba que carecieran de validez jurídica y fueran totalmente inconstitucionales, según sentencia del propio Tribunal Constitucional boliviano.
Hasta que se produzca la ratificación existirán incertidumbres sobre ciertas cuestiones importantes como pueden ser la propia duración de los contratos o el que las empresas puedan contabilizar como suyas las reservas probadas de los campos en los que opera; posibilidad que ha negado el ministro de Hidrocarburos, Carlos Villegas, contradiciendo las declaraciones del presidente de Petrobras.
También existen dudas sobre la posibilidad de que las empresas puedan recurrir a tribunales de arbitraje internacionales, si bien el mismo ministro ha afirmado que aquéllas han tenido que aceptar que La Paz sea la sede en la que se habrán de dirimir todos los procesos de arbitraje y que, por lo tanto, deberán someterse a la justicia boliviana. Esta circunstancia, de ser cierta, constituiría un importantísimo precedente y un ejemplo a seguir para todos los países en vías de desarrollo en sus negociaciones con este tipo de empresas habida cuenta de que una de las imposiciones más perversas a la que suelen recurrir las mismas es, precisamente, llevar al ámbito internacional de la justicia que “imparte” el Banco Mundial, sede del CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones), cualquier disputa con los países en los que se instalan.
En cualquier caso, de lo que no cabe duda es que los efectos sobre las arcas públicas bolivianas van a ser más que significativos. Si la introducción del IDH en 2005 provocó un aumento de los ingresos fiscales derivados de los hidrocarburos de unos 250 a unos 900 millones de dólares anuales, tan sólo para este año se espera que el monto se eleve, como consecuencia de la nueva legislación, hasta casi los 1.200 millones de dólares, triplicándose los ingresos procedentes de las petroleras. Es más, según el ministro Villegas, en una proyección que consideró conservadora, se estima que los ingresos del Estado boliviano por exportaciones de gas en los próximos 20 años podrían llegar a los 67.000 millones de dólares. De hecho, durante las próximas tres décadas, el Estado espera obtener, por término medio, un 70% del valor bruto de la renta petrolera mientras quedaría para las empresas el 30% restante.
Y de lo que tampoco cabe dudar, visto el desarrollo de los acontecimientos, es que, a pesar de las nuevas condiciones, los hidrocarburos bolivianos continúan siendo un buen negocio para las empresas del sector habida cuenta de que la totalidad de las que operaban en el país han firmado los nuevos contratos.
Circunstancia que, por otra parte, no es de extrañar dado que, frente a las excepcionales ganancias que estaban alcanzando esas empresas en Bolivia, lo que la nueva normativa viene a instaurar es una tasa de beneficios similar a la obtenida en otros países. Baste recordar que, como afirmaba ufano un directivo de una de estas compañías, mientras que en este sector se considera que la rentabilidad es buena cuando la relación entre beneficios e inversión es de tres a uno, en Bolivia esa relación era de diez a uno.
En definitiva, quiere decirse con ello que el margen de beneficios del que disfrutaban les permitía asumir recortes importantes sobre los mismos sin poner en riesgo su viabilidad. Tanto más cuando gran parte de las inversiones efectuadas se encuentran ya amortizadas, como reconocía el ministro brasileño de Hidrocarburos, y, por lo tanto, todos los ingresos obtenidos a partir de ese momento son ganancias líquidas. Es más, el propio director de Petrobras afirmaba que, aún bajo las nuevas condiciones, las ganancias para su compañía están garantizadas y esperan obtener una rentabilidad por encima del 15%, muy superior al coste del capital invertido.
Ello explica que, no sólo no se hayan ido sino que, además, hayan comprometido más de 3.500 millones de dólares en nuevas inversiones a ejecutar entre 2007 y 2010 y, de los cuales, 1.000 millones corresponden a Repsol-YPF, esto es, un monto similar a la inversión que actualmente habían realizado en el país. Curiosamente, esos 3.500 millones de dólares suponen una inversión superior a la que realizaron durante el periodo 1996-2004 cuando controlaban a voluntad los recursos.
El que no se consuela es porque no quiere.
De todo lo anterior se concluye que lo que ha ocurrido, simplemente, es que la situación del sector de los hidrocarburos en Bolivia se ha recompuesto y una gestión adecuada del mismo puede convertirse en la palanca que permita que ese país solucione definitivamente la situación de pobreza en la que vive la mayor parte de sus ciudadanos.
La gestión que del proceso de nacionalización ha realizado el ejecutivo boliviano, con el presidente Morales a la cabeza es, en este sentido, digna de admirar. De hecho, y por primera vez, ha concitado el elogio y la aprobación de hasta sus más acérrimos opositores políticos nacionales; algunos de ellos, paradójicamente, responsables y defensores del estado en el que se encontraba el sector y que ahora no dudan en reconocer que este proceso de nacionalización ha devuelto la dignidad al pueblo boliviano.
Una dignidad que se ha recuperado, para más inri, frente al poder de empresas como Repsol-YPF, cuyo capital social es varias veces superior al producto interior bruto boliviano.
Porque, ¿a cuento de qué ha venido tanto ruido durante estos 180 días cuando las opciones estaban tan claras? O se asumían las condiciones generales impuestas por el decreto de nacionalización, negociando lo más favorablemente posible los detalles del proceso, o se procedía a abandonar el negocio tratando de recuperar la inversión en los tribunales de arbitraje internacionales. No había más. Bueno sí, dos cosas muy evidentes: una, que una empresa de hidrocarburos sólo puede operar allí donde hay hidrocarburos; y dos, que el precio de éstos irá indudablemente en aumento conforme vayan agotándose sus reservas. Así que no es muy difícil imaginar que en la mente de los directivos de Repsol-YPF rondara la idea de que más valía un mal negocio que perderlo completamente.
Por otro lado, ¿por qué tanta alharaca para acabar afirmando, como lo hacía Brufau, que el nuevo contrato “tendrá poco impacto” en la empresa? ¿Es que eso no lo sabían cuando se publicó el decreto de nacionalización que han tenido que acabar aceptando?
Pero, además, ¿hasta dónde puede llegar la desfachatez cuando, tras esas declaraciones, afirma que, de tener algún impacto, éste “será positivo, porque permitirá inversiones con la seguridad jurídica necesaria”? Si el impacto iba a ser positivo, ¿por qué no aplaudieron alborozados cuando conocieron el contenido del decreto?
Y es que, en este mundo al revés, resulta que durante los años que las transnacionales han estado operando en el país bajo contratos inconstitucionales nunca les pareció que se desenvolvieran en un clima de inseguridad jurídica. Bastó con que la situación se quisiera regularizar por parte del nuevo gobierno para que, de repente, todo el mundo cuestionara la seguridad jurídica del país. Y, ahora, tras la firma de los nuevos contratos, resulta que esto era, finalmente, lo mejor que les podía haber ocurrido. No me negarán que no es paradójica la evolución de los acontecimientos y los discursos.
Frente a tanta insania, y terminando este artículo como lo empezaba, Bolivia acaba de demostrar al mundo globalizado que la soberanía nacional sigue existiendo y puede utilizarse para frenar el poder de los poderosos cuando se es capaz de jugar tan fuerte como ellos y con sus propias reglas. Y, que nadie se llame a engaño, eso no significa ser como ellos; sobre todo cuando, como Bolivia, se actúa desde la dignidad y con la legitimidad que otorga, no el poder del dinero, sino un pueblo que reclama algo tan simple como el derecho a no morir de hambre.
Alberto Montero Soler (amontero@uma.es) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y colaborador habitual de Rebelión.
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Bolivia acaba de demostrar que, frente al poder de las transnacionales, puede y debe imponerse la razón de Estado, esto es, las políticas que promueven aquello que redunda en interés y utilidad de la república y sus ciudadanos. Y que esa razón de Estado es tanto más poderosa y más perentorio el recurso a la misma cuanto mayor es la miseria en la que viven esos pueblos mientras las transnacionales, en connivencia con gobernantes corruptos, expolian sus riquezas.
Bolivia acaba de poner en evidencia a todos los que piensan que los Estados y sus intereses no pueden ni deben estar por encima de las empresas transnacionales y sus beneficios; a todos los que la miraron con desprecio y profetizaron sobre la inviabilidad de un ultimátum destinado a modificar un estado de cosas tan injusto como sangrante; a todos los que pensaban que los pueblos pobres no tienen derecho a la dignidad y, mucho menos, a exigir de los demás un trato digno.
Bolivia acaba de demostrar que los derechos de propiedad, igual que los establece y garantiza el Estado, pueden ser revertidos por ese mismo Estado cuando atentan gravemente al interés general; que en una economía nada es intocable, que todo es alterable; que la economía no funciona con leyes naturales ni constituye un orden superior que puede imponerse sobre los ciudadanos y reclamar, desde allí, su intangibilidad.
Bolivia acaba de enseñar al mundo que voluntad política y respaldo popular son elementos suficientes para vencer las resistencias, las amenazas y los chantajes de las empresas transnacionales y de los gobiernos que, vergonzosamente, les ofrecen cobertura diplomática.
Y todo esto lo ha hecho Bolivia en menos de diez meses de gobierno de su primer dirigente indígena y frente a uno de los poderes difusos más importantes del planeta: la industria petrolera.
Repsol-YPF, España y Bolivia: crónica de un desencuentro permanente.
Todas esas lecciones las ha dado Bolivia a pesar del desprecio con el que desde el mundo desarrollado occidental y, en concreto, desde España se contempló el anuncio que el 1 de mayo realizó Evo Morales sobre el inicio del proceso de nacionalización de los hidrocarburos y el establecimiento de un plazo de 180 días para que las empresas transnacionales que operaban en el sector migraran sus contratos en vigor –generalmente, de riesgo compartido- hacia contratos de servicios.
¿Cómo se atrevían esos “indígenas” (por no utilizar algunas de las palabras malsonantes que por entonces se escucharon) a pensar que eso podía ser lo mejor para su país? ¿Cómo pretendían encontrar una salida a la pobreza sin la ayuda de las transnacionales que los expoliaban? ¿Cómo se planteaban que el camino al desarrollo podía pasar por los mismos cauces que los países más avanzados del planeta habían transitado muchas décadas atrás y que, ahora, desde su cómoda posición condenaban por intervencionistas?
Pues bien, la decisión se tomó; el ultimátum se planteó y, desde ese momento, la pelota quedaba en el tejado de las empresas transnacionales.
Una de ellas, Repsol-YPF, emprendía una furibunda campaña contra las legítimas intenciones del gobierno boliviano orquestada a través de los medios de comunicación que tan serviles se muestran a los intereses de quienes les aportan ingentes cantidades de dinero en publicidad. Y, lo que es más grave, respaldada por el propio gobierno español que no paró mientes en convertir en generales lo que no eran sino intereses particulares de una empresa transnacional cuyo capital es, para mayor vergüenza ajena, mayoritariamente extranjero.
La sucesión de desencuentros entre la empresa transnacional y el gobierno boliviano durante el periodo de 180 días que aquélla ha tenido para adaptarse a la nueva normativa boliviana acabó, en algunos casos, convirtiéndose en objeto de atención de la justicia boliviana. Y, sistemáticamente, cada vez que ésta intervenía se producía la reacción de las autoridades españolas cuestionando tanto su independencia como la existencia de una verdadera democracia en Bolivia. Para el recuerdo quedan, en este sentido, algunas memorables declaraciones del ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, de las que ya en su momento nos ocupamos.
Pero, al mismo tiempo y para que no todo fuera tensión, el ejecutivo español trataba de allanar el terreno con reiterados viajes y llamadas de diferentes ministros y altos cargos de su diplomacia en un intento por convencer al gobierno boliviano de que en España podía encontrar un aliado estratégico de primera línea y que todo ello pasaba por un tratamiento de favor para Repsol-YPF.
Mientras, ésta seguía en sus trece y amenazaba con retirarse de Bolivia y llevar el caso ante los tribunales de arbitraje internacionales; denunciaba la persecución judicial a la que, a su entender, estaba siendo sometida desde la Fiscalía boliviana; y, ya últimamente, su presidente, Antoni Brufau, reclamaba la ampliación del plazo para la negociación de los nuevos contratos.
De todo ello debe deducirse, por lo tanto, que Repsol-YPF tenía un elevado interés por continuar con su actividad en Bolivia; en caso contrario, habría bastado con que hubiera abandonado el país desde el momento en que se le informó de que iban a modificarse las condiciones bajo las que venía operando. Y, evidentemente, ese interés solo podía ser producto de que los beneficios que obtenía en Bolivia eran lo suficientemente importantes como para justificar sus actuaciones y, al mismo tiempo, implicar al gobierno español en la defensa de sus intereses.
El nuevo contexto del sector de hidrocarburos en Bolivia.
Pues bien, por fin el pasado 28 de octubre concluyó el plazo para la adaptación de los contratos de las transnacionales al decreto de nacionalización de los hidrocarburos y las 10 empresas del sector con presencia en Bolivia, incluidas las dos más importantes -Petrobras y Repsol-YPF-, decidieron acatarlo y cambiar sus contratos de riesgo compartido a contratos de prestación de servicios.
De esa forma, las transnacionales han perdido sus derechos de propiedad sobre los hidrocarburos en las distintas fases del proceso y han pasado a convertirse en meras operadoras al servicio de la empresa estatal Yacimientos Petroleros Fiscales Bolivianos (YPFB) a cambio de una retribución variable sobre los ingresos del negocio.
La distribución de la renta derivada de la explotación y venta de los hidrocarburos queda ahora de la siguiente forma: un 18% en concepto de regalías (es decir, el porcentaje de los ingresos que se paga al propietario del recurso por permitir su explotación); un 32% en concepto de Impuesto Directo de Hidrocarburos (IDH) –ambos impuestos ya existían desde 2005-; y a ellos se suma ahora un impuesto del 32% que deberán pagar aquellas empresas que operan en los grandes campos del país con producción superior a los 100 millones de pies cúbicos diarios certificada en 2005 (San Alberto y San Antonio; los otros grandes campos son Margarita, Itaú e Incahuasi); en el resto de campos -mucho menores, la mayor parte de carácter marginal y destinados a la producción de petróleo y gas para el mercado interno-, los impuestos se mantendrán en el 50%, esto es, regalías más IDH.
Evidentemente, son las empresas más importantes y con mayor presencia en el país (Petrobras, Repsol-YPF y TotalFinaElf) las que operan bajo la forma de consorcios en esos grandes campos y, por lo tanto, a las que corresponderá pagar un mayor porcentaje de impuestos; aunque también es cierto que el cálculo de esos impuestos es variable a lo largo del tiempo y dependerá de las condiciones de explotación, las inversiones efectuadas y los precios del gas.
En cualquier caso, las condiciones concretas pactadas en los contratos no se han hecho públicas aún porque deben ser remitidos al Congreso boliviano para que éste proceda a ratificarlos. Acto de ratificación que, por cierto, no había tenido lugar para los contratos con los que las transnacionales venían operando hasta estos momentos y que provocaba que carecieran de validez jurídica y fueran totalmente inconstitucionales, según sentencia del propio Tribunal Constitucional boliviano.
Hasta que se produzca la ratificación existirán incertidumbres sobre ciertas cuestiones importantes como pueden ser la propia duración de los contratos o el que las empresas puedan contabilizar como suyas las reservas probadas de los campos en los que opera; posibilidad que ha negado el ministro de Hidrocarburos, Carlos Villegas, contradiciendo las declaraciones del presidente de Petrobras.
También existen dudas sobre la posibilidad de que las empresas puedan recurrir a tribunales de arbitraje internacionales, si bien el mismo ministro ha afirmado que aquéllas han tenido que aceptar que La Paz sea la sede en la que se habrán de dirimir todos los procesos de arbitraje y que, por lo tanto, deberán someterse a la justicia boliviana. Esta circunstancia, de ser cierta, constituiría un importantísimo precedente y un ejemplo a seguir para todos los países en vías de desarrollo en sus negociaciones con este tipo de empresas habida cuenta de que una de las imposiciones más perversas a la que suelen recurrir las mismas es, precisamente, llevar al ámbito internacional de la justicia que “imparte” el Banco Mundial, sede del CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones), cualquier disputa con los países en los que se instalan.
En cualquier caso, de lo que no cabe duda es que los efectos sobre las arcas públicas bolivianas van a ser más que significativos. Si la introducción del IDH en 2005 provocó un aumento de los ingresos fiscales derivados de los hidrocarburos de unos 250 a unos 900 millones de dólares anuales, tan sólo para este año se espera que el monto se eleve, como consecuencia de la nueva legislación, hasta casi los 1.200 millones de dólares, triplicándose los ingresos procedentes de las petroleras. Es más, según el ministro Villegas, en una proyección que consideró conservadora, se estima que los ingresos del Estado boliviano por exportaciones de gas en los próximos 20 años podrían llegar a los 67.000 millones de dólares. De hecho, durante las próximas tres décadas, el Estado espera obtener, por término medio, un 70% del valor bruto de la renta petrolera mientras quedaría para las empresas el 30% restante.
Y de lo que tampoco cabe dudar, visto el desarrollo de los acontecimientos, es que, a pesar de las nuevas condiciones, los hidrocarburos bolivianos continúan siendo un buen negocio para las empresas del sector habida cuenta de que la totalidad de las que operaban en el país han firmado los nuevos contratos.
Circunstancia que, por otra parte, no es de extrañar dado que, frente a las excepcionales ganancias que estaban alcanzando esas empresas en Bolivia, lo que la nueva normativa viene a instaurar es una tasa de beneficios similar a la obtenida en otros países. Baste recordar que, como afirmaba ufano un directivo de una de estas compañías, mientras que en este sector se considera que la rentabilidad es buena cuando la relación entre beneficios e inversión es de tres a uno, en Bolivia esa relación era de diez a uno.
En definitiva, quiere decirse con ello que el margen de beneficios del que disfrutaban les permitía asumir recortes importantes sobre los mismos sin poner en riesgo su viabilidad. Tanto más cuando gran parte de las inversiones efectuadas se encuentran ya amortizadas, como reconocía el ministro brasileño de Hidrocarburos, y, por lo tanto, todos los ingresos obtenidos a partir de ese momento son ganancias líquidas. Es más, el propio director de Petrobras afirmaba que, aún bajo las nuevas condiciones, las ganancias para su compañía están garantizadas y esperan obtener una rentabilidad por encima del 15%, muy superior al coste del capital invertido.
Ello explica que, no sólo no se hayan ido sino que, además, hayan comprometido más de 3.500 millones de dólares en nuevas inversiones a ejecutar entre 2007 y 2010 y, de los cuales, 1.000 millones corresponden a Repsol-YPF, esto es, un monto similar a la inversión que actualmente habían realizado en el país. Curiosamente, esos 3.500 millones de dólares suponen una inversión superior a la que realizaron durante el periodo 1996-2004 cuando controlaban a voluntad los recursos.
El que no se consuela es porque no quiere.
De todo lo anterior se concluye que lo que ha ocurrido, simplemente, es que la situación del sector de los hidrocarburos en Bolivia se ha recompuesto y una gestión adecuada del mismo puede convertirse en la palanca que permita que ese país solucione definitivamente la situación de pobreza en la que vive la mayor parte de sus ciudadanos.
La gestión que del proceso de nacionalización ha realizado el ejecutivo boliviano, con el presidente Morales a la cabeza es, en este sentido, digna de admirar. De hecho, y por primera vez, ha concitado el elogio y la aprobación de hasta sus más acérrimos opositores políticos nacionales; algunos de ellos, paradójicamente, responsables y defensores del estado en el que se encontraba el sector y que ahora no dudan en reconocer que este proceso de nacionalización ha devuelto la dignidad al pueblo boliviano.
Una dignidad que se ha recuperado, para más inri, frente al poder de empresas como Repsol-YPF, cuyo capital social es varias veces superior al producto interior bruto boliviano.
Porque, ¿a cuento de qué ha venido tanto ruido durante estos 180 días cuando las opciones estaban tan claras? O se asumían las condiciones generales impuestas por el decreto de nacionalización, negociando lo más favorablemente posible los detalles del proceso, o se procedía a abandonar el negocio tratando de recuperar la inversión en los tribunales de arbitraje internacionales. No había más. Bueno sí, dos cosas muy evidentes: una, que una empresa de hidrocarburos sólo puede operar allí donde hay hidrocarburos; y dos, que el precio de éstos irá indudablemente en aumento conforme vayan agotándose sus reservas. Así que no es muy difícil imaginar que en la mente de los directivos de Repsol-YPF rondara la idea de que más valía un mal negocio que perderlo completamente.
Por otro lado, ¿por qué tanta alharaca para acabar afirmando, como lo hacía Brufau, que el nuevo contrato “tendrá poco impacto” en la empresa? ¿Es que eso no lo sabían cuando se publicó el decreto de nacionalización que han tenido que acabar aceptando?
Pero, además, ¿hasta dónde puede llegar la desfachatez cuando, tras esas declaraciones, afirma que, de tener algún impacto, éste “será positivo, porque permitirá inversiones con la seguridad jurídica necesaria”? Si el impacto iba a ser positivo, ¿por qué no aplaudieron alborozados cuando conocieron el contenido del decreto?
Y es que, en este mundo al revés, resulta que durante los años que las transnacionales han estado operando en el país bajo contratos inconstitucionales nunca les pareció que se desenvolvieran en un clima de inseguridad jurídica. Bastó con que la situación se quisiera regularizar por parte del nuevo gobierno para que, de repente, todo el mundo cuestionara la seguridad jurídica del país. Y, ahora, tras la firma de los nuevos contratos, resulta que esto era, finalmente, lo mejor que les podía haber ocurrido. No me negarán que no es paradójica la evolución de los acontecimientos y los discursos.
Frente a tanta insania, y terminando este artículo como lo empezaba, Bolivia acaba de demostrar al mundo globalizado que la soberanía nacional sigue existiendo y puede utilizarse para frenar el poder de los poderosos cuando se es capaz de jugar tan fuerte como ellos y con sus propias reglas. Y, que nadie se llame a engaño, eso no significa ser como ellos; sobre todo cuando, como Bolivia, se actúa desde la dignidad y con la legitimidad que otorga, no el poder del dinero, sino un pueblo que reclama algo tan simple como el derecho a no morir de hambre.
Alberto Montero Soler (amontero@uma.es) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y colaborador habitual de Rebelión.
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Tuesday, August 29, 2006
Un año después, el auténtico por qué de lo sucedido
Un año después del Katrina, entre toda la tinta derramada yo quisiera destacar un libro. Es “Huracán”, donde se recogen varios textos, pero del que quisiera llamar más la atención es el del belga Michel Collon.
Este autor busca reflexionar sobre quién mató en última instancia a los habitantes de Nueva Orleans, “¿la naturaleza?, ¿un dirigente negligente?, ¿o bien, de forma más profunda ciertas leyes económicas de nuestra sociedad?”.
Collon nos disecciona cómo lo sucedido con el Katrina forma parte del modelo económico vigente, era absolutamente imposible que los resultados de más de mil muertos, la ausencia de organizaciones de socorro y el abandono de los damnificados fueran distintos. En primer lugar, los ejércitos de los países ricos no pueden ayudar a su población porque deben dedicarse a agredir a los países pobres para poder saquear sus recursos. Segundo, que las leyes del mercado obligan a las empresas a competir por el máximo beneficio sin reparar en destrucción de la naturaleza. Igualmente, las bolsas de pobreza de personas que no dispondrán de recursos propios para huir en caso de desastre natural es consubstancial al modelo económico vigente en Estados Unidos. Debe haber pobres para que la oferta laboral sea alta, es decir, haya un ejército industrial de reserva gracias al cual la amenaza esté presente para los “privilegiados” que tienen un puesto de trabajo.
Por otro lado, el Estado en los países de economía capitalista no tiene como función atender las necesidades de la población, sino proteger las propiedades de los ricos, es decir, los bancos, las joyerías y los comercios de lujo. Por eso la policía de Nueva Orleáns se lanzó a detener a los saqueadores que no eran otra cosa que ciudadanos hambrientos. También el racismo que se vio en Nueva Orleáns en innato al modelo. Es necesario dividir a los pobres, y para ello nada mejor que convencer al blanco de que el negro le quiere atacar, y al blanco de que es un privilegiado con suerte en un país dominado por el individualismo. De ahí que los barrios estén segregados –e incomunicados- por el color de la piel.
La última función corresponde a los medios de comunicación. Ellos tenían como misión hacernos ver que los desdichados que quedaron sin evacuar eran unos inconscientes que no querían abandonar sus casas, que los que intentaban subsistir tomando la comida que se estaba pudriendo en los supermercados eran unos saqueadores sin escrúpulos, y que las calles estaban tomadas por francotiradores y bandas armadas de criminales y violadores que no merecían conmiseración alguna. Collon se pregunta: “¿Qué es más grave? El “saqueo” cometido por Merleen Meteen, una abuela de 73 años, diabética, diácono de su parroquia, sin antecedentes penales que pasó quince días en la cárcel por haber tomado de una tienda un paquete de salchichas valorado en 63 dólares? ¡O bien el super-saqueo de George W. Bush que desvió el dinero de los diques y de otros millones del presupuesto público para financiar una guerra ilegal que sólo sirve para enriquecer a sus amigos!”.
La conclusión no puede ser otra: “Puesto que el desastre es la consecuencia lógica de las leyes económicas que rigen nuestra sociedad, ¿podremos impedir otros Katrina sin oponernos a estas famosas leyes que matan? 1. El poder total de las multinaciones. 2. El saqueo de las riquezas de los pueblos. 3. La guerra como instrumento de este saqueo”.
El libro, editado por Hiru, se complementa con otros textos de analistas estadounidenses como Michael Parenti, James Petras y Noam Chomsky. Además, una extensa introducción del meteorólogo Jon Albisu y la intervención del presidente cubano Fidel Castro ante más de mil quinientos médicos ofrecidos y dispuestos para acudir inmediatamente a atender a las víctimas de Nueva Orleáns y que no fueron aceptados por el gobierno Bush, sirven para poder establecer comparaciones entre dos modelos sociales a la hora de enfrentar las catástrofes.
Huracán. Michel Collon y otros. Editorial Hiru. www.hiru-ed.com
Este autor busca reflexionar sobre quién mató en última instancia a los habitantes de Nueva Orleans, “¿la naturaleza?, ¿un dirigente negligente?, ¿o bien, de forma más profunda ciertas leyes económicas de nuestra sociedad?”.
Collon nos disecciona cómo lo sucedido con el Katrina forma parte del modelo económico vigente, era absolutamente imposible que los resultados de más de mil muertos, la ausencia de organizaciones de socorro y el abandono de los damnificados fueran distintos. En primer lugar, los ejércitos de los países ricos no pueden ayudar a su población porque deben dedicarse a agredir a los países pobres para poder saquear sus recursos. Segundo, que las leyes del mercado obligan a las empresas a competir por el máximo beneficio sin reparar en destrucción de la naturaleza. Igualmente, las bolsas de pobreza de personas que no dispondrán de recursos propios para huir en caso de desastre natural es consubstancial al modelo económico vigente en Estados Unidos. Debe haber pobres para que la oferta laboral sea alta, es decir, haya un ejército industrial de reserva gracias al cual la amenaza esté presente para los “privilegiados” que tienen un puesto de trabajo.
Por otro lado, el Estado en los países de economía capitalista no tiene como función atender las necesidades de la población, sino proteger las propiedades de los ricos, es decir, los bancos, las joyerías y los comercios de lujo. Por eso la policía de Nueva Orleáns se lanzó a detener a los saqueadores que no eran otra cosa que ciudadanos hambrientos. También el racismo que se vio en Nueva Orleáns en innato al modelo. Es necesario dividir a los pobres, y para ello nada mejor que convencer al blanco de que el negro le quiere atacar, y al blanco de que es un privilegiado con suerte en un país dominado por el individualismo. De ahí que los barrios estén segregados –e incomunicados- por el color de la piel.
La última función corresponde a los medios de comunicación. Ellos tenían como misión hacernos ver que los desdichados que quedaron sin evacuar eran unos inconscientes que no querían abandonar sus casas, que los que intentaban subsistir tomando la comida que se estaba pudriendo en los supermercados eran unos saqueadores sin escrúpulos, y que las calles estaban tomadas por francotiradores y bandas armadas de criminales y violadores que no merecían conmiseración alguna. Collon se pregunta: “¿Qué es más grave? El “saqueo” cometido por Merleen Meteen, una abuela de 73 años, diabética, diácono de su parroquia, sin antecedentes penales que pasó quince días en la cárcel por haber tomado de una tienda un paquete de salchichas valorado en 63 dólares? ¡O bien el super-saqueo de George W. Bush que desvió el dinero de los diques y de otros millones del presupuesto público para financiar una guerra ilegal que sólo sirve para enriquecer a sus amigos!”.
La conclusión no puede ser otra: “Puesto que el desastre es la consecuencia lógica de las leyes económicas que rigen nuestra sociedad, ¿podremos impedir otros Katrina sin oponernos a estas famosas leyes que matan? 1. El poder total de las multinaciones. 2. El saqueo de las riquezas de los pueblos. 3. La guerra como instrumento de este saqueo”.
El libro, editado por Hiru, se complementa con otros textos de analistas estadounidenses como Michael Parenti, James Petras y Noam Chomsky. Además, una extensa introducción del meteorólogo Jon Albisu y la intervención del presidente cubano Fidel Castro ante más de mil quinientos médicos ofrecidos y dispuestos para acudir inmediatamente a atender a las víctimas de Nueva Orleáns y que no fueron aceptados por el gobierno Bush, sirven para poder establecer comparaciones entre dos modelos sociales a la hora de enfrentar las catástrofes.
Huracán. Michel Collon y otros. Editorial Hiru. www.hiru-ed.com
El Noveno Distrito de Nueva Orleans es una «república independiente»
Gara
A falta de una respuesta eficaz por parte de las autoridades, los vecinos del Noveno Distrito de Nueva Orleáns, la zona más devastada por Katrina, han formado sus propias instituciones. Este barrio protagonizó las imágenes más impactantes que ofrecieron las televisiones de todo el mundo hace un año.
Coches encaramados en las copas de los árboles, toneladas de basura en las aceras, casas empotradas unas contra otras, animales muertos... Y, en medio de la podredumbre, los supervivientes. Eso fue hace un año.
Una de las frases favoritas del presidente Bush, al referirse al reciente conflicto de Líbano, es que Hizbula es «un Estado dentro del Estado de Líbano». Sin llegar a esos extremos, los habitantes del Noveno Distrito se han organizado en redes complejas que suplen el colapso institucional para hacer llegar alojamiento, comida y necesidades básicas. «Ha pasado ya un año del Katrina, pero aquí el Gobierno somos nosotros», indica Curtis Mohammed, uno de los líderes del Consejo de Supervi- vientes de Nueva Orleáns.
Esta organización, que tiene su sede en lo que algún día fue una comisaría de Policía, ha preparado una barbacoa de pollo y hamburguesas para congregar a los vecinos y colaboradores que trabajan por reconstruir el barrio. Kevin Flot, un carpintero de 44 años, deambula con la mirada perdida y la confianza de encontrar a alguien que le pueda ayudar a levantar su casa. Flot vive desde hace meses en su coche y cuenta a todo aquel que se le acerca cómo las aguas se llevaron a su sobrino de 22 años o cómo aguantó una semana en el tejado de su casa hasta que le rescataron. «Se ha dicho que disparamos a los helicópteros para tirarlos abajo, pero lo único que queríamos era llamar su atención y que nos sacasen de allí», recuerda.
Mientras, Carmele Hardwood, una mujer de 65 años que perdió su hogar y ahora vive sola en la ciudad de Yorke (Alabama), apunta su nombre en una lista para conseguir una caravana donde poder vivir. «Necesito volver a Nueva Orleáns, aquí se encuentra mi familia, y por mis problemas de salud tengo que venir a la ciudad cada mes, al médico», explica señalando el marcapasos que tiene instalado.
La ironía ha querido que justo al lado de la sede del Consejo se encuentre aparcado un tráiler de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), organismo muy criticado por su manejo de los 10.000 millones de dólares destinados a realojar a los supervivientes. Quien viene en busca de ayuda, pasa de largo del camión, a lo más le lanza una mirada despectiva, y se dirige directamente al anciano Mohammed o alguno de los jóvenes cooperan- tes que se han desplazado de todas partes de EEUU para echar una mano. Es muy difícil calcular el descrédito que sufren las instituciones en estas calles.
La otra cara de la moneda se encuentra a unos diez minutos en coche. El estadio Superdome, otra imagen de la infamia y la devastación, ha recuperado prácticamente su aspecto, después de que más de 25.000 personas se refugiasen en él durante semanas enteras. El gerente de la empresa que gestiona el estadio, Glenn Menard, estuvo varios días encerrado en el Superdome, tratando de coordinar el caos en medio de unas temperaturas infernales.
Muchos en el Noveno Distrito no entienden por qué el estadio donde juega el equipo de fútbol americano de los New Orleans Saints ha recobrado tan pronto su normalidad con las ayudas públicas, mientras que miles de personas ni siquiera han podido regresar a sus hogares.
A falta de una respuesta eficaz por parte de las autoridades, los vecinos del Noveno Distrito de Nueva Orleáns, la zona más devastada por Katrina, han formado sus propias instituciones. Este barrio protagonizó las imágenes más impactantes que ofrecieron las televisiones de todo el mundo hace un año.
Coches encaramados en las copas de los árboles, toneladas de basura en las aceras, casas empotradas unas contra otras, animales muertos... Y, en medio de la podredumbre, los supervivientes. Eso fue hace un año.
Una de las frases favoritas del presidente Bush, al referirse al reciente conflicto de Líbano, es que Hizbula es «un Estado dentro del Estado de Líbano». Sin llegar a esos extremos, los habitantes del Noveno Distrito se han organizado en redes complejas que suplen el colapso institucional para hacer llegar alojamiento, comida y necesidades básicas. «Ha pasado ya un año del Katrina, pero aquí el Gobierno somos nosotros», indica Curtis Mohammed, uno de los líderes del Consejo de Supervi- vientes de Nueva Orleáns.
Esta organización, que tiene su sede en lo que algún día fue una comisaría de Policía, ha preparado una barbacoa de pollo y hamburguesas para congregar a los vecinos y colaboradores que trabajan por reconstruir el barrio. Kevin Flot, un carpintero de 44 años, deambula con la mirada perdida y la confianza de encontrar a alguien que le pueda ayudar a levantar su casa. Flot vive desde hace meses en su coche y cuenta a todo aquel que se le acerca cómo las aguas se llevaron a su sobrino de 22 años o cómo aguantó una semana en el tejado de su casa hasta que le rescataron. «Se ha dicho que disparamos a los helicópteros para tirarlos abajo, pero lo único que queríamos era llamar su atención y que nos sacasen de allí», recuerda.
Mientras, Carmele Hardwood, una mujer de 65 años que perdió su hogar y ahora vive sola en la ciudad de Yorke (Alabama), apunta su nombre en una lista para conseguir una caravana donde poder vivir. «Necesito volver a Nueva Orleáns, aquí se encuentra mi familia, y por mis problemas de salud tengo que venir a la ciudad cada mes, al médico», explica señalando el marcapasos que tiene instalado.
La ironía ha querido que justo al lado de la sede del Consejo se encuentre aparcado un tráiler de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), organismo muy criticado por su manejo de los 10.000 millones de dólares destinados a realojar a los supervivientes. Quien viene en busca de ayuda, pasa de largo del camión, a lo más le lanza una mirada despectiva, y se dirige directamente al anciano Mohammed o alguno de los jóvenes cooperan- tes que se han desplazado de todas partes de EEUU para echar una mano. Es muy difícil calcular el descrédito que sufren las instituciones en estas calles.
La otra cara de la moneda se encuentra a unos diez minutos en coche. El estadio Superdome, otra imagen de la infamia y la devastación, ha recuperado prácticamente su aspecto, después de que más de 25.000 personas se refugiasen en él durante semanas enteras. El gerente de la empresa que gestiona el estadio, Glenn Menard, estuvo varios días encerrado en el Superdome, tratando de coordinar el caos en medio de unas temperaturas infernales.
Muchos en el Noveno Distrito no entienden por qué el estadio donde juega el equipo de fútbol americano de los New Orleans Saints ha recobrado tan pronto su normalidad con las ayudas públicas, mientras que miles de personas ni siquiera han podido regresar a sus hogares.
Nuestras armas no son iraníes, tenemos cohetes norteamericanos, las armas se venden y se compran en el mercado internacional
Eduardo Febbro
Página 12
Rodeado de una nube de polvo que las topadoras levantan cuando arrastran los escombros de los edificios derrumbados de la calle Ragheb Harb, en Haret Hrik, el suburbio chiíta de Beirut, el diputado Hassan Hajj Hussein responde al teléfono celular, posa para una foto, habla con la gente y se mueve sin parar. Este hombre político libanés, nacido en Baalbek, es uno de los más conocidos diputados electos bajo las banderas del Hezbolá. Tiene, además, un estilo contundente, sin rodeos ni frases acomodadas. Sus declaraciones son como puños directos a la cara del adversario.
En esta entrevista con Página/12 Hassan Hajj Hussein responde a los principales interrogantes que la comunidad internacional se hace a propósito del movimiento chiíta libanés: lo que él llama las agresiones israelíes, la pasividad del mundo durante la guerra, los reclamos del Hezbolá, su hipotético desarme, la reconstrucción del Líbano y el atentado de 1992 contra la embajada israelí de Buenos Aires.
–Los analistas occidentales temen que el Hezbolá transfiera la guerra con Israel fuera de las fronteras del Líbano. Ese temor se basa en gran medida en el atentado contra la embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992, reivindicado por una rama del Hezbolá.
–El Hezbolá nunca cometió ni reivindicó ningún atentado fuera del país, incluido el de Buenos Aires. El primer atentado contra la embajada, el segundo, el tercero, el cuarto o el quinto, todos los atentados que usted quiera, el Hezbolá nada tuvo que ver con eso. Nosotros no tenemos ninguna responsabilidad con cualquier atentado que se cometa fuera del territorio libanés ocupado. Nunca lo reivindicamos. Nuestro único objetivo consiste en liberar nuestro territorio ocupado, liberar a nuestros prisioneros y proteger nuestra soberanía. Nunca apoyamos o estuvimos implicados en operaciones de ese tipo, jamás hemos apoyado ideológicamente o materialmente ese tipo de operaciones.
–¿El Hezbolá estaría de acuerdo con participar en un diálogo de paz a pesar de lo ocurrido?
–El Líbano quedó destruido. Los daños alcanzaron a todas las comunidades, chiítas o sunitas. Las rutas, las fábricas, los puentes, el aeropuerto, los puertos, los cuarteles del ejército, esto no ha sido una guerra contra una comunidad sino una guerra contra el Líbano y su estabilidad. Toda la historia de Israel es una historia de terrorismo y de agresiones. Pero Occidente no quiere aceptar esa realidad. Israel es un país que fue creado en lugar de otro. Ese es el origen de todos los males de esta región. El éxodo del ‘48, la matanza de los palestinos, las matanzas cometidas por Beguin, luego la guerra del ’56, la del ’67, la ocupación de los territorios y de Jerusalén, las ocupaciones del Líbano, las matanzas de Chabra y Chatila, cometidas por Ariel Sharon, luego Primer Ministro. En fin, a pesar de los procesos de paz nunca hubo resultados. Seguimos amenazados por Israel pero nosotros queremos construir nuestro país, queremos la paz y la prosperidad. Pero yo le pregunto: ¿dónde está el proceso de paz? ¿Y la conferencia de Madrid? ¿Y las mentiras de George Bush? No hay paz.
–Uno de los principales reproches que se le hace al Hezbolá es estar teledirigido por Irán.
–Vamos, lo desafío a que me aporte la más mínima prueba de que somos un instrumento de Irán. No hay iraníes que combatan en nuestras filas, no hay iraníes muertos en combate. Yo soy un diputado libanés y no un instrumento de Irán.
–¿Y las armas?
–Pues nuestras armas no son iraníes. Nuestras armas son norteamericanas y nos las vendió George Bush.
–Pero los cohetes que el Hezbolá dispara contra Israel son iraníes.
–Sí, pero también tenemos cohetes norteamericanos. Las armas se venden y se compran en el mercado internacional. Si usted necesita armas le vendo las que quiera. Se nos acusa a nosotros de tener armas, pero Israel también las tiene. ¿Quién destruyó entonces todos estos edificios que usted ve? ¿Sabe quién? Los misiles norteamericanos, por avión y por barco. Los civiles sucumbieron a la lluvia de bombas.
–La crisis de la región se incrementó aún más con la oposición de Siria a que se desplieguen soldados de la ONU en el sector este de la frontera sirio-libanesa y la amenaza de cerrar esa frontera con el Líbano. Para el Hezbolá, que tiene en Siria un gran aliado, ésa es una pésima perspectiva.
–Antes de que se empiece a discutir cualquier opción, la comunidad internacional debe levantar el embargo que pesa sobre el Líbano. Esa es la prioridad y no someterse a las condiciones israelíes.
–Precisamente, una de las exigencias más reiteradas por parte de Israel y el resto de la comunidad internacional es el desarme del Hezbolá.
–Esa es una cuestión de política interna libanesa. Pero antes de resolver esta cuestión del desarme del Hezbolá hay que solucionar las causas de esa cuestión. Las granjas de Shebaa, la soberanía libanesa, les agresiones al Líbano, las amenazas israelíes. No es muy normal que se quieran tratar los resultados antes de que se traten las causas. No es posible que haya un acuerdo de paz con Israel. Israel debe abandonar las granjas de Shebaa que ocupó, liberar a nuestros prisioneros, debe dejar de agredirnos. También está ese tema esencial que consiste en reconocer el retorno de los palestinos a sus tierras.
–Estamos en el barrio de Haret Hrik, uno de los más devastados por las bombas. Visiblemente, el Hezbolá ha asumido la ayuda a damnificados. ¿Cómo se va a organizar esa ayuda en las próximas semanas?
–Realizamos una suerte de censo para saber cuántos departamentos y edificios están destruidos. Lamentablemente, vamos a tener que vivir en estas condiciones que usted ve durante un buen tiempo. En los suburbios del sur de Beirut hay 500 edificios destruidos, edificios de un promedio de ocho y diez pisos. También hemos tomado rápidas medidas para ayudar a la población a que tenga un domicilio durante un año hasta que hayamos reconstruido los edificios y las casas. Esa es nuestra responsabilidad. Nuestras ayudas son rápidas, sin trámites burocráticos y al contado. Según la situación de cada persona, nosotros pagamos 10 mil dólares para que la gente tenga un techo y pueda comprar algunos muebles.
–Se trata de sumas considerables: 10, 12 mil dólares por familia es importante. ¿De dónde proviene ese dinero?
–No, no es suficiente para ayudar a nuestras familias. Por eso es preciso que los franceses, los argentinos, los belgas, etc. etc. nos envíen dinero para financiar la reconstrucción. Somos nosotros quienes fuimos agredidos y el resto de los países, si bien hubo algunos que hicieron algún que otro esfuerzo diplomático al final, no detuvieron la agresión ni las destrucciones. Entonces, lo menos que pueden hacer ahora es ayudar con dinero para financiar la reconstrucción. Pero yo no digo que nos den el dinero a nosotros, no, que se lo den al gobierno libanés. Nosotros somos musulmanes y pagamos la zacat, que es una contribución que todo el mundo desembolsa voluntariamente. Los fondos provienen de ahí.
–La fuerza internacional de la ONU empieza a desplegarse en el Líbano, con un cambio fundamental. Francia, que había anunciado al principio el envío de 200 hombres, incrementó la cifra a casi dos mil. Ello hace que la contribución militar de la Unión Europea se eleve a 7000 soldados.
–Nosotros no tenemos ninguna restricción, pero creo que el problema que tiene Francia es que, desde hace mucho, carece de una política independiente. Francia sucumbe a la presión norteamericana. En el mundo no hay más países independientes. La mayoría de los países sucumben. La Argentina es un poco así. Esos países que sucumben hacen lo que Estados Unidos quiere y eso llevó a la destrucción de Medio Oriente.
Página 12
Rodeado de una nube de polvo que las topadoras levantan cuando arrastran los escombros de los edificios derrumbados de la calle Ragheb Harb, en Haret Hrik, el suburbio chiíta de Beirut, el diputado Hassan Hajj Hussein responde al teléfono celular, posa para una foto, habla con la gente y se mueve sin parar. Este hombre político libanés, nacido en Baalbek, es uno de los más conocidos diputados electos bajo las banderas del Hezbolá. Tiene, además, un estilo contundente, sin rodeos ni frases acomodadas. Sus declaraciones son como puños directos a la cara del adversario.
En esta entrevista con Página/12 Hassan Hajj Hussein responde a los principales interrogantes que la comunidad internacional se hace a propósito del movimiento chiíta libanés: lo que él llama las agresiones israelíes, la pasividad del mundo durante la guerra, los reclamos del Hezbolá, su hipotético desarme, la reconstrucción del Líbano y el atentado de 1992 contra la embajada israelí de Buenos Aires.
–Los analistas occidentales temen que el Hezbolá transfiera la guerra con Israel fuera de las fronteras del Líbano. Ese temor se basa en gran medida en el atentado contra la embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992, reivindicado por una rama del Hezbolá.
–El Hezbolá nunca cometió ni reivindicó ningún atentado fuera del país, incluido el de Buenos Aires. El primer atentado contra la embajada, el segundo, el tercero, el cuarto o el quinto, todos los atentados que usted quiera, el Hezbolá nada tuvo que ver con eso. Nosotros no tenemos ninguna responsabilidad con cualquier atentado que se cometa fuera del territorio libanés ocupado. Nunca lo reivindicamos. Nuestro único objetivo consiste en liberar nuestro territorio ocupado, liberar a nuestros prisioneros y proteger nuestra soberanía. Nunca apoyamos o estuvimos implicados en operaciones de ese tipo, jamás hemos apoyado ideológicamente o materialmente ese tipo de operaciones.
–¿El Hezbolá estaría de acuerdo con participar en un diálogo de paz a pesar de lo ocurrido?
–El Líbano quedó destruido. Los daños alcanzaron a todas las comunidades, chiítas o sunitas. Las rutas, las fábricas, los puentes, el aeropuerto, los puertos, los cuarteles del ejército, esto no ha sido una guerra contra una comunidad sino una guerra contra el Líbano y su estabilidad. Toda la historia de Israel es una historia de terrorismo y de agresiones. Pero Occidente no quiere aceptar esa realidad. Israel es un país que fue creado en lugar de otro. Ese es el origen de todos los males de esta región. El éxodo del ‘48, la matanza de los palestinos, las matanzas cometidas por Beguin, luego la guerra del ’56, la del ’67, la ocupación de los territorios y de Jerusalén, las ocupaciones del Líbano, las matanzas de Chabra y Chatila, cometidas por Ariel Sharon, luego Primer Ministro. En fin, a pesar de los procesos de paz nunca hubo resultados. Seguimos amenazados por Israel pero nosotros queremos construir nuestro país, queremos la paz y la prosperidad. Pero yo le pregunto: ¿dónde está el proceso de paz? ¿Y la conferencia de Madrid? ¿Y las mentiras de George Bush? No hay paz.
–Uno de los principales reproches que se le hace al Hezbolá es estar teledirigido por Irán.
–Vamos, lo desafío a que me aporte la más mínima prueba de que somos un instrumento de Irán. No hay iraníes que combatan en nuestras filas, no hay iraníes muertos en combate. Yo soy un diputado libanés y no un instrumento de Irán.
–¿Y las armas?
–Pues nuestras armas no son iraníes. Nuestras armas son norteamericanas y nos las vendió George Bush.
–Pero los cohetes que el Hezbolá dispara contra Israel son iraníes.
–Sí, pero también tenemos cohetes norteamericanos. Las armas se venden y se compran en el mercado internacional. Si usted necesita armas le vendo las que quiera. Se nos acusa a nosotros de tener armas, pero Israel también las tiene. ¿Quién destruyó entonces todos estos edificios que usted ve? ¿Sabe quién? Los misiles norteamericanos, por avión y por barco. Los civiles sucumbieron a la lluvia de bombas.
–La crisis de la región se incrementó aún más con la oposición de Siria a que se desplieguen soldados de la ONU en el sector este de la frontera sirio-libanesa y la amenaza de cerrar esa frontera con el Líbano. Para el Hezbolá, que tiene en Siria un gran aliado, ésa es una pésima perspectiva.
–Antes de que se empiece a discutir cualquier opción, la comunidad internacional debe levantar el embargo que pesa sobre el Líbano. Esa es la prioridad y no someterse a las condiciones israelíes.
–Precisamente, una de las exigencias más reiteradas por parte de Israel y el resto de la comunidad internacional es el desarme del Hezbolá.
–Esa es una cuestión de política interna libanesa. Pero antes de resolver esta cuestión del desarme del Hezbolá hay que solucionar las causas de esa cuestión. Las granjas de Shebaa, la soberanía libanesa, les agresiones al Líbano, las amenazas israelíes. No es muy normal que se quieran tratar los resultados antes de que se traten las causas. No es posible que haya un acuerdo de paz con Israel. Israel debe abandonar las granjas de Shebaa que ocupó, liberar a nuestros prisioneros, debe dejar de agredirnos. También está ese tema esencial que consiste en reconocer el retorno de los palestinos a sus tierras.
–Estamos en el barrio de Haret Hrik, uno de los más devastados por las bombas. Visiblemente, el Hezbolá ha asumido la ayuda a damnificados. ¿Cómo se va a organizar esa ayuda en las próximas semanas?
–Realizamos una suerte de censo para saber cuántos departamentos y edificios están destruidos. Lamentablemente, vamos a tener que vivir en estas condiciones que usted ve durante un buen tiempo. En los suburbios del sur de Beirut hay 500 edificios destruidos, edificios de un promedio de ocho y diez pisos. También hemos tomado rápidas medidas para ayudar a la población a que tenga un domicilio durante un año hasta que hayamos reconstruido los edificios y las casas. Esa es nuestra responsabilidad. Nuestras ayudas son rápidas, sin trámites burocráticos y al contado. Según la situación de cada persona, nosotros pagamos 10 mil dólares para que la gente tenga un techo y pueda comprar algunos muebles.
–Se trata de sumas considerables: 10, 12 mil dólares por familia es importante. ¿De dónde proviene ese dinero?
–No, no es suficiente para ayudar a nuestras familias. Por eso es preciso que los franceses, los argentinos, los belgas, etc. etc. nos envíen dinero para financiar la reconstrucción. Somos nosotros quienes fuimos agredidos y el resto de los países, si bien hubo algunos que hicieron algún que otro esfuerzo diplomático al final, no detuvieron la agresión ni las destrucciones. Entonces, lo menos que pueden hacer ahora es ayudar con dinero para financiar la reconstrucción. Pero yo no digo que nos den el dinero a nosotros, no, que se lo den al gobierno libanés. Nosotros somos musulmanes y pagamos la zacat, que es una contribución que todo el mundo desembolsa voluntariamente. Los fondos provienen de ahí.
–La fuerza internacional de la ONU empieza a desplegarse en el Líbano, con un cambio fundamental. Francia, que había anunciado al principio el envío de 200 hombres, incrementó la cifra a casi dos mil. Ello hace que la contribución militar de la Unión Europea se eleve a 7000 soldados.
–Nosotros no tenemos ninguna restricción, pero creo que el problema que tiene Francia es que, desde hace mucho, carece de una política independiente. Francia sucumbe a la presión norteamericana. En el mundo no hay más países independientes. La mayoría de los países sucumben. La Argentina es un poco así. Esos países que sucumben hacen lo que Estados Unidos quiere y eso llevó a la destrucción de Medio Oriente.
Repudio de la UTPBA y la FELAP Soldados israelíes detienen y agraden a una periodista argentina
La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) y la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) repudiaron enérgicamente la brutal agresión de miembros del ejército del Estado de Israel contra la periodista Tamara Lalli, en la frontera con Jordania. Lalli es la enviada especial a Líbano y Palestina de la radio local AM530 de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, sostiene el comunicado conjunto firmado por Héctor Sosa, secretario de Prensa-UTPBA, Ana Villarreal, secretaria de Derechos Humanos y Juan Carlos Camaño, presidente de la FELAP.
28 de agosto de 2006DesdeBuenos Aires (Argentina)
La corresponsal fue detenida en la madrugada de ayer y, de acuerdo a la información difundida por Madres de Plaza de Mayo, “fue increpada por miembros del MOSAD a punta de ametralladora e interrogada sobre su actividad periodística en la radio de las Madres. En un momento del interrogatorio –señala el comunicado-, Lalli fue desnudada por completo y un militar la amenazó obscenamente con una pistola”
De acuerdo a la fuente citada, “lo que más preocupaba a los servicios sionistas era saber por qué la radio de las Madres estaba cubriendo el conflicto de manera ‘parcial’ y le manifestaron expresamente que toda la información sobre ella la tenían, gracias a la embajada israelí en Argentina”.
La trabajadora de prensa fue luego deportada a Jordania y le prohibieron expresamente el ingreso a Palestina.
28 de agosto de 2006DesdeBuenos Aires (Argentina)
La corresponsal fue detenida en la madrugada de ayer y, de acuerdo a la información difundida por Madres de Plaza de Mayo, “fue increpada por miembros del MOSAD a punta de ametralladora e interrogada sobre su actividad periodística en la radio de las Madres. En un momento del interrogatorio –señala el comunicado-, Lalli fue desnudada por completo y un militar la amenazó obscenamente con una pistola”
De acuerdo a la fuente citada, “lo que más preocupaba a los servicios sionistas era saber por qué la radio de las Madres estaba cubriendo el conflicto de manera ‘parcial’ y le manifestaron expresamente que toda la información sobre ella la tenían, gracias a la embajada israelí en Argentina”.
La trabajadora de prensa fue luego deportada a Jordania y le prohibieron expresamente el ingreso a Palestina.
Saturday, August 19, 2006
La tercera parte de los estadounidenses considera que la administración Bush está implicada en los atentados del 11 de septiembre
Un nuevo sondeo Scripps Howard/Ohio University describe la comprensión de los atentados del 11 de septiembre de 2001 por parte de la opinión pública de los Estados Unidos. El 12% de los estadounidenses declara que el Pentágono no fue alcanzado por avión comercial, sino por un misil. El 16% de los estadounidenses declara que el derrumbe de las Torres Gemelas no fue provocado por los aviones que las embistieron, sino por explosivos. El 36% de los estadounidenses declara que la administración Bush está implicada activa o pasivamente en la perpetración de los atentados.
La encuesta de Zogby USA, realizada entre el 12 y el 16 de mayo de 2006 [1], indicaba que: El 42% de los estadounidenses no está convencido de la validez de los trabajos de la comisión presidencial Kean. El 44% de los estadounidenses piensa que George W. Bush manipuló los atentados para iniciar la guerra. El 45% de los estadounidenses desea que vuelva a abrirse la investigación judicial.
Estos resultados merecen algunos comentarios: En el actual ambiente nacionalista es difícil dudar públicamente sobre el 11 de septiembre. Cuando se pregunta a los entrevistados la opinión de sus allegados, lo que permite atribuir a otros las propias dudas, las cifras aumentan alrededor de 20%. La prensa dominante despliega toda su imaginación para explicar estos resultados y desacreditarlos. En primer lugar, es de buen gusto explicar que las tesis conspiracionistas se alimentan de la incapacidad de la gente para aceptar la horrible realidad (como si atribuir los atentados al gobierno fuera menos horrible) y del sentimiento de su impotencia (pues sí, si no quieren ser impotentes pues no duden). Alternativamente, la prensa dominante explica estos resultados por la pérdida de confianza en la administración Bush después de la guerra de Irak, incluso por la ira que suscita al continuar esta guerra (en resumen, no es porque Bush actúe de forma detestable que se le debe acusar además por el 11 de septiembre). Sin embargo, los resultados de los diversos sondeos así como los argumentos aquí mencionados muestran que las opiniones de los entrevistados corresponden a su estatus social. Los que aspiran a formar parte de la élite creen en el complot islámico mundial y en la misión de los Estados Unidos de acabar con él. Quienes no esperan nada del gobierno federal creen en el complot interno y en la necesidad de cambiar de régimen.
La encuesta de Zogby USA, realizada entre el 12 y el 16 de mayo de 2006 [1], indicaba que: El 42% de los estadounidenses no está convencido de la validez de los trabajos de la comisión presidencial Kean. El 44% de los estadounidenses piensa que George W. Bush manipuló los atentados para iniciar la guerra. El 45% de los estadounidenses desea que vuelva a abrirse la investigación judicial.
Estos resultados merecen algunos comentarios: En el actual ambiente nacionalista es difícil dudar públicamente sobre el 11 de septiembre. Cuando se pregunta a los entrevistados la opinión de sus allegados, lo que permite atribuir a otros las propias dudas, las cifras aumentan alrededor de 20%. La prensa dominante despliega toda su imaginación para explicar estos resultados y desacreditarlos. En primer lugar, es de buen gusto explicar que las tesis conspiracionistas se alimentan de la incapacidad de la gente para aceptar la horrible realidad (como si atribuir los atentados al gobierno fuera menos horrible) y del sentimiento de su impotencia (pues sí, si no quieren ser impotentes pues no duden). Alternativamente, la prensa dominante explica estos resultados por la pérdida de confianza en la administración Bush después de la guerra de Irak, incluso por la ira que suscita al continuar esta guerra (en resumen, no es porque Bush actúe de forma detestable que se le debe acusar además por el 11 de septiembre). Sin embargo, los resultados de los diversos sondeos así como los argumentos aquí mencionados muestran que las opiniones de los entrevistados corresponden a su estatus social. Los que aspiran a formar parte de la élite creen en el complot islámico mundial y en la misión de los Estados Unidos de acabar con él. Quienes no esperan nada del gobierno federal creen en el complot interno y en la necesidad de cambiar de régimen.
Thursday, August 03, 2006
Fidel y el dolor
Miguel Bonasso
Página 12
Antenoche recibí un llamado de La Habana que me dejó sin aliento. Un compañero argentino me avisaba: “Parece que Fidel está mal”, y de inmediato la conversación se cortó, generando un insoportable suspenso. A los pocos minutos la CNN informaba que Fidel Castro había sido operado y que por primera vez en 47 años transfería transitoriamente sus responsabilidades de Estado a su hermano Raúl.
De inmediato comencé a llamar a todos los amigos de La Habana sin resultado. Las líneas estaban saturadas. Recién a las doce de la noche logré establecer contacto telefónico con uno de los colaboradores más cercanos del Comandante.
“Las cosas son así –me dijo– como se ha informado. Tú conoces nuestra ética y la del Jefe: jamás le mentiríamos ni le ocultaríamos nada al pueblo.”
Es cierto. Recordé a Fidel, sentado en una silla, aguantando el dolor de su terrible caída al finalizar un acto, cuando anticipó el diagnóstico de los traumatólogos y le explicó al pueblo cubano (y al mundo) que se había fracturado la rodilla y el hombro derecho.
Antenoche, en el comunicado que leyó su secretario Carlitos Valenciaga, resplandecía la misma seriedad, la misma responsabilidad política, la misma precisión al hablar de radiografías, endoscopías y hasta filmaciones del inquietante sangrado que lo llevaba al quirófano. Era el estilo inconfundible del hidalgo que ha cedido transitoriamente la jefatura del Estado cubano.
El colaborador de Fidel agregó que la operación había sido exitosa y que comenzaba un proceso de recuperación. Sus palabras y el tono de su voz me tranquilizaron. El episodio era serio, grave, pero el amigo confiaba, como yo, en la fortaleza del paciente, en ese dominio extraordinario que ejerce sobre la realidad su cerebro privilegiado.
Pensé: “Fidel se va a morir cuando él lo decida y todavía no lo ha decidido”.
Recordé una conversación que habíamos tenido en el Palacio de Convenciones, hace siete u ocho meses. Parecía abstraído, lejano, pero súbitamente me miró como si regresara del futuro y confesó:
“Lo que necesito es tiempo”.
Tiempo para completar lo que él llama “la revolución energética” y le va a significar a la isla un ahorro anual de dos mil millones de dólares; tiempo para que “Cuba sea económicamente invulnerable, como ya lo es militarmente”; tiempo para reconstruir el movimiento de Países No Alineados; tiempo para operar de cataratas y pterigium a seis millones de latinoamericanos en los próximos seis años; tiempo para que los educadores cubanos del programa “Yo sí puedo” ayuden a desterrar el analfabetismo de toda América latina; tiempo para que prospere la integración latinoamericana y el ALBA.
Tiempo, en suma, para consumar una gigantesca empresa humanística que parece descomunal, imposible, para una pequeña isla sitiada de once millones de habitantes y ciento diez mil kilómetros cuadrados, que sobrevive a fuerza de dignidad, a noventa millas náuticas del monstruo. Que nadie espere encontrar aquí una “nota objetiva”: tengo el extraordinario privilegio de contarme entre los amigos personales del Comandante Fidel Castro. Es un honor que me concedió hace poco más de tres años. Antes lo miraba como todos los de mi generación desde una respetuosa distancia. Lo veía instalado en la cima de la historia mundial, pero ignoraba sus rasgos de humor, sus provocaciones y travesuras, su fidelidad de fidel hacia los amigos, su desbordada curiosidad por todo lo humano, su imaginación de navegante y sus hábitos inveterados de conspirador. Su real ternura por los desvalidos.
Una madrugada charlábamos en la sala de reuniones del Palacio de la Revolución y empezó a pronosticar lo que ocurriría a causa del gran terremoto que acababa de producirse en Pakistán. “Pronto vendrán los grandes fríos –me dijo– y los habitantes de los pueblos destruidos comenzarán a vagar sin destino en la ladera de las montañas. Habrá fracturas expuestas, gangrenas, y dolor, un indecible dolor humano. Tenemos que hacer algo.”
Pocos días después, médicos y paramédicos cubanos comenzaban a viajar a Pakistán hasta completar una generosa brigada de 2500. Que en cuatro meses atenderían a 700 mil pacientes. Que permanecerían con temperaturas bajo cero cuando los Médicos Sin Fronteras y los médicos de todas las ONG de este extraño mundo hubieran liado ya sus petates.
En febrero, diez días antes de que mi compañera Ana de Skalon muriera de cáncer en La Habana, él la visitó, como lo hacía con frecuencia.
Se iba ya, cuando se dio vuelta en la sala y le dijo inesperadamente:
–Yo sé que tú luchas, Anita, y me parece muy bien que lo hagas, porque tú y yo pertenecemos a la misma clase de seres humanos.
Ana, desde su agonía, le devolvió una sonrisa.
El día de sus funerales, cuando la condecoró post mortem como “amiga de Cuba”, me llevó a comer con él. No habló de Ana durante el almuerzo, pero mientras me acompañaba a los ascensores, me dijo con una voz inaudible.
–Imagínate lo que sufres tú, lo que sufrió Anita y multiplícalo a nivel universal por los millones que sufren.
Entendí, entonces, lo que le había dicho alguna vez a su amigo Hugo Chávez, que él no creía en la trascendencia del alma, pero aceptaba que el presidente venezolano lo incluyera entre los cristianos.
Hace pocos días estuve con él aquí, en Córdoba, en la Cumbre del Mercosur. Lo acompañé en el acto, en la visita a la casa familiar del Che en Alta Gracia y en un almuerzo tardío el mismo día de su partida.
Hablamos de todo un poco, junto con otros amigos cubanos y argentinos. Hasta de vinos. De tintos que él saboreó con nosotros.
No soy clínico, pero lo vi bien. Animado, optimista. Contento porque a sólo 24 horas de finalizada la Cumbre ya le había comprado a nuestro país cereales y alimentos por 100 millones de dólares. En el palier del hotel saludó a todos los miembros de la embajada cubana y a los policías federales y de Córdoba que lo habían custodiado y querían retratarse con él.
Luego se fue, envuelto como siempre en multitudes. Así lo quiero ver, muy pronto, arropado en el cariño y la admiración que se merece.
Página 12
Antenoche recibí un llamado de La Habana que me dejó sin aliento. Un compañero argentino me avisaba: “Parece que Fidel está mal”, y de inmediato la conversación se cortó, generando un insoportable suspenso. A los pocos minutos la CNN informaba que Fidel Castro había sido operado y que por primera vez en 47 años transfería transitoriamente sus responsabilidades de Estado a su hermano Raúl.
De inmediato comencé a llamar a todos los amigos de La Habana sin resultado. Las líneas estaban saturadas. Recién a las doce de la noche logré establecer contacto telefónico con uno de los colaboradores más cercanos del Comandante.
“Las cosas son así –me dijo– como se ha informado. Tú conoces nuestra ética y la del Jefe: jamás le mentiríamos ni le ocultaríamos nada al pueblo.”
Es cierto. Recordé a Fidel, sentado en una silla, aguantando el dolor de su terrible caída al finalizar un acto, cuando anticipó el diagnóstico de los traumatólogos y le explicó al pueblo cubano (y al mundo) que se había fracturado la rodilla y el hombro derecho.
Antenoche, en el comunicado que leyó su secretario Carlitos Valenciaga, resplandecía la misma seriedad, la misma responsabilidad política, la misma precisión al hablar de radiografías, endoscopías y hasta filmaciones del inquietante sangrado que lo llevaba al quirófano. Era el estilo inconfundible del hidalgo que ha cedido transitoriamente la jefatura del Estado cubano.
El colaborador de Fidel agregó que la operación había sido exitosa y que comenzaba un proceso de recuperación. Sus palabras y el tono de su voz me tranquilizaron. El episodio era serio, grave, pero el amigo confiaba, como yo, en la fortaleza del paciente, en ese dominio extraordinario que ejerce sobre la realidad su cerebro privilegiado.
Pensé: “Fidel se va a morir cuando él lo decida y todavía no lo ha decidido”.
Recordé una conversación que habíamos tenido en el Palacio de Convenciones, hace siete u ocho meses. Parecía abstraído, lejano, pero súbitamente me miró como si regresara del futuro y confesó:
“Lo que necesito es tiempo”.
Tiempo para completar lo que él llama “la revolución energética” y le va a significar a la isla un ahorro anual de dos mil millones de dólares; tiempo para que “Cuba sea económicamente invulnerable, como ya lo es militarmente”; tiempo para reconstruir el movimiento de Países No Alineados; tiempo para operar de cataratas y pterigium a seis millones de latinoamericanos en los próximos seis años; tiempo para que los educadores cubanos del programa “Yo sí puedo” ayuden a desterrar el analfabetismo de toda América latina; tiempo para que prospere la integración latinoamericana y el ALBA.
Tiempo, en suma, para consumar una gigantesca empresa humanística que parece descomunal, imposible, para una pequeña isla sitiada de once millones de habitantes y ciento diez mil kilómetros cuadrados, que sobrevive a fuerza de dignidad, a noventa millas náuticas del monstruo. Que nadie espere encontrar aquí una “nota objetiva”: tengo el extraordinario privilegio de contarme entre los amigos personales del Comandante Fidel Castro. Es un honor que me concedió hace poco más de tres años. Antes lo miraba como todos los de mi generación desde una respetuosa distancia. Lo veía instalado en la cima de la historia mundial, pero ignoraba sus rasgos de humor, sus provocaciones y travesuras, su fidelidad de fidel hacia los amigos, su desbordada curiosidad por todo lo humano, su imaginación de navegante y sus hábitos inveterados de conspirador. Su real ternura por los desvalidos.
Una madrugada charlábamos en la sala de reuniones del Palacio de la Revolución y empezó a pronosticar lo que ocurriría a causa del gran terremoto que acababa de producirse en Pakistán. “Pronto vendrán los grandes fríos –me dijo– y los habitantes de los pueblos destruidos comenzarán a vagar sin destino en la ladera de las montañas. Habrá fracturas expuestas, gangrenas, y dolor, un indecible dolor humano. Tenemos que hacer algo.”
Pocos días después, médicos y paramédicos cubanos comenzaban a viajar a Pakistán hasta completar una generosa brigada de 2500. Que en cuatro meses atenderían a 700 mil pacientes. Que permanecerían con temperaturas bajo cero cuando los Médicos Sin Fronteras y los médicos de todas las ONG de este extraño mundo hubieran liado ya sus petates.
En febrero, diez días antes de que mi compañera Ana de Skalon muriera de cáncer en La Habana, él la visitó, como lo hacía con frecuencia.
Se iba ya, cuando se dio vuelta en la sala y le dijo inesperadamente:
–Yo sé que tú luchas, Anita, y me parece muy bien que lo hagas, porque tú y yo pertenecemos a la misma clase de seres humanos.
Ana, desde su agonía, le devolvió una sonrisa.
El día de sus funerales, cuando la condecoró post mortem como “amiga de Cuba”, me llevó a comer con él. No habló de Ana durante el almuerzo, pero mientras me acompañaba a los ascensores, me dijo con una voz inaudible.
–Imagínate lo que sufres tú, lo que sufrió Anita y multiplícalo a nivel universal por los millones que sufren.
Entendí, entonces, lo que le había dicho alguna vez a su amigo Hugo Chávez, que él no creía en la trascendencia del alma, pero aceptaba que el presidente venezolano lo incluyera entre los cristianos.
Hace pocos días estuve con él aquí, en Córdoba, en la Cumbre del Mercosur. Lo acompañé en el acto, en la visita a la casa familiar del Che en Alta Gracia y en un almuerzo tardío el mismo día de su partida.
Hablamos de todo un poco, junto con otros amigos cubanos y argentinos. Hasta de vinos. De tintos que él saboreó con nosotros.
No soy clínico, pero lo vi bien. Animado, optimista. Contento porque a sólo 24 horas de finalizada la Cumbre ya le había comprado a nuestro país cereales y alimentos por 100 millones de dólares. En el palier del hotel saludó a todos los miembros de la embajada cubana y a los policías federales y de Córdoba que lo habían custodiado y querían retratarse con él.
Luego se fue, envuelto como siempre en multitudes. Así lo quiero ver, muy pronto, arropado en el cariño y la admiración que se merece.
Saturday, July 29, 2006
Hollywood, arma de destrucción mental
Daniel Fernandez Cabrera
Rebelión
Siete de cada diez películas provenientes de la industria son deficitarias. ¿Cómo se explica su permanencia y su éxito económico? Muy simple: los famosos “paquetes”.Si usted es exhibidor en cualquier rincón del planeta y quiere comprar los derechos de exhibición de la película de moda, la que le asegura una taquilla exitosa, debe comprar y exhibir, además, una serie de películas que en su país de origen ni siquiera son estrenadas en los cines, sino que van directamente al mercado del video debido a su pésima calidad. Esto no solo hace que quien tiene creado el hábito de “ir al cine” se vea casi obligado a ver un montón de basura, sino también que otras cinematografías queden sin espacio en las pantallas.El monopolio que ejerce la industria del cine norteamericano en el mundo es obsceno. Ocupa, dicha industria, el noventa y tanto por ciento de la cuota de pantalla mundial, protegida por los “acuerdos” de la Organización Mundial del Comercio, la cual, ha convertido también al cine en un mero objeto de comercio, como si de un tornillo o un vaso se tratara. El cine es otra cosa, es en sí mismo una herramienta de comunicación, de identidad, de cultura en definitiva.Cuentan, además, con todo el aparato publicitario disponible para promocionar sus películas. Las pocas producciones independientes que tienen la suerte de ser estrenadas no solo no tienen ese apoyo publicitario sino que, además, se le corta la posibilidad del “boca a boca” ya que cuando éste comienza a funcionar las bajan de cartel por no haber recaudado lo suficiente en la primera o segunda semana de exhibición.Desde hace unos pocos años asistimos a un momento en que algunas semanas antes del estreno de una película vinculada a la industria, se emiten por televisión varios programas donde el productor, el director, los actores y hasta los eléctricos nos “explican” la película, los personajes, sus relaciones y sus reacciones. Resultando que cuando vas a verla al cine, en realidad, ya la viste por lo menos cuatro veces.
Con respecto a los “acuerdos” de la OMC, hay un capítulo que es completamente ilustrativo de lo que hablamos. Se refiere a la “excepción cultural” que consiguieron los franceses. En la misma, éstos se reservan una cuota de pantalla del 40 % para su cine, así como un impuesto a las producciones extranjeras que se destina al apoyo a realizadores noveles franceses. Pero analicemos un poco el propio título de la cuestión. “Excepción cultural”. Dice mucho, ¿verdad? Yo me pregunto: ¿desde cuándo la cultura es una excepción? ¿Desde la caza de brujas maquiavélicamente diseñada por el subnormal de McCarthy?
Pero si hay algo que no se les puede reprochar a los amos de los medios de comunicación es la transparencia. Gritan a los cuatro vientos que son la industria del entretenimiento.
Entretener, según el diccionario de la Real Academia Española, significa:”Distraer a alguien, evitando que haga algo o impidiendo que siga su camino”. Eso es precisamente lo que hacen. Evitan que las personas transiten el camino del crecimiento intelectual, ideológico y espiritual.
No se trata de renegar del cine como entretenimiento. El cine puede ser entretenimiento, pero también puede ser muchas más cosas. De hecho, en muchos casos, es otras cosas que no son específicamente entretenimiento.
Existe, además, un numeroso ejército mercenario compuesto por críticos, historiadores y hasta técnicos que mantienen un discurso elaborado para sostener las bondades del cine imperio-industrial.
Algunos reconocidos señores, que editan lujosas guías históricas del cine escriben con lujosa, también, prepotencia sentenciantes declaraciones como estas que reproduzco a continuación: “…y a nosotros nos gusta todo el cine, pero miramos con mucho cariño el estadounidense que, a veces menospreciativamente, se llama comercial –(¿acaso tiene sentido hacer cine para que vaya poca gente y no se gane dinero?-“ ó esta otra maravilla: “Bergman, Angelopoulos, Von Trier son grandes autores, pero no se puede discutir que se sale de sus proyecciones con el alma en un puño y el espíritu acongojado.” Yo me pregunto: ¿Acaso es posible que una película que no sigue las pautas de Hollywwood, es decir del Pentágono, produzca dinero si se le hace tan mala propaganda incluso antes de existir?
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Con respecto a los “acuerdos” de la OMC, hay un capítulo que es completamente ilustrativo de lo que hablamos. Se refiere a la “excepción cultural” que consiguieron los franceses. En la misma, éstos se reservan una cuota de pantalla del 40 % para su cine, así como un impuesto a las producciones extranjeras que se destina al apoyo a realizadores noveles franceses. Pero analicemos un poco el propio título de la cuestión. “Excepción cultural”. Dice mucho, ¿verdad? Yo me pregunto: ¿desde cuándo la cultura es una excepción? ¿Desde la caza de brujas maquiavélicamente diseñada por el subnormal de McCarthy?Pero si hay algo que no se les puede reprochar a los amos de los medios de comunicación es la transparencia. Gritan a los cuatro vientos que son la industria del entretenimiento.Entretener, según el diccionario de la Real Academia Española, significa:”Distraer a alguien, evitando que haga algo o impidiendo que siga su camino”. Eso es precisamente lo que hacen. Evitan que las personas transiten el camino del crecimiento intelectual, ideológico y espiritual.No se trata de renegar del cine como entretenimiento. El cine puede ser entretenimiento, pero también puede ser muchas más cosas. De hecho, en muchos casos, es otras cosas que no son específicamente entretenimiento.Existe, además, un numeroso ejército mercenario compuesto por críticos, historiadores y hasta técnicos que mantienen un discurso elaborado para sostener las bondades del cine imperio-industrial.Algunos reconocidos señores, que editan lujosas guías históricas del cine escriben con lujosa, también, prepotencia sentenciantes declaraciones como estas que reproduzco a continuación: “…y a nosotros nos gusta todo el cine, pero miramos con mucho cariño el estadounidense que, a veces menospreciativamente, se llama comercial –(¿acaso tiene sentido hacer cine para que vaya poca gente y no se gane dinero?-“ ó esta otra maravilla: “Bergman, Angelopoulos, Von Trier son grandes autores, pero no se puede discutir que se sale de sus proyecciones con el alma en un puño y el espíritu acongojado.” Yo me pregunto: ¿Acaso es posible que una película que no sigue las pautas de Hollywwood, es decir del Pentágono, produzca dinero si se le hace tan mala propaganda incluso antes de existir?
El estrechísimo abanico de posibles sensaciones que estos señores son capaces de experimentar al ver una película se limita a “divertirse” o “acongojársele el espíritu”. Por cierto que es muy significativo y relacionable con otras cosas que se dicen y se escriben acerca de otros temas. Esto es lo que se propone en todos los ámbitos de la vida, la dualidad simple, “el Bien y el Mal”, “o están conmigo o contra mí”, “divertirse o apenarse”. Los que experimentamos otras sensaciones más complejas, ¿estaremos condenados a ser tildados de extraterrestres o de terroristas?
Los “mercenarios” son muy bien elegidos. Desde la importancia que les adjudica el puesto que ocupan y la calidad de sus ediciones, emiten juicios tan terminantes que al ciudadano de a pie lo dejan sin la más mínima gana de enfrentarse a una obra cinematográfica que se salga un ápice de lo industrialmente impuesto.
Otros, por televisión, se atreven a cuestionar por ejemplo a Ingmar Bergman. En un coloquio, al finalizar la proyección de la impresionante “Fresas Salvajes” del citado maestro, hablaron de que sobraba una escena y hasta sugirieron un aberrante “si la hubiera hecho Ford…”.
Cuentan, también, con una serie de frases que emiten los propios afectados por el sistema, y que ofician como defensa del aparato industrial. La más significativa e ilustrativa tal vez sea la siguiente: “ya demasiados problemas tengo en el día a día para meterme en una sala de cine a ver problemas”. Lo terrible es que ver ese tipo de cine industrial no hace otra cosa que aumentar el problema de nuestra servidumbre mental, y peor, alimentarla hasta límites inconcebibles.
Leía, la semana pasada en Rebelión, el excelente análisis de la realidad literaria que el señor García Viño hace en su prólogo y epílogo del libro “El País: la Cultura como negocio”, y no puedo dejar de relacionarlo directamente con lo referente al cine. Al grupo mayoritario de personas al que se dirigen los fabricantes de libros y que está “…compuesto por aquellas personas que no habían leído nunca o casi nunca y satisfacían las ansias de fabulación, que al parecer sienten todos los seres humanos, mediante el cine y, sobre todo, la televisión”, habría que, si el señor García me permite, hacerle una escisión y separar (al igual que en la literatura y las artes en general) a los que ven cine proveniente de la industria de los que ven Cine.
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El estrechísimo abanico de posibles sensaciones que estos señores son capaces de experimentar al ver una película se limita a “divertirse” o “acongojársele el espíritu”. Por cierto que es muy significativo y relacionable con otras cosas que se dicen y se escriben acerca de otros temas. Esto es lo que se propone en todos los ámbitos de la vida, la dualidad simple, “el Bien y el Mal”, “o están conmigo o contra mí”, “divertirse o apenarse”. Los que experimentamos otras sensaciones más complejas, ¿estaremos condenados a ser tildados de extraterrestres o de terroristas?Los “mercenarios” son muy bien elegidos. Desde la importancia que les adjudica el puesto que ocupan y la calidad de sus ediciones, emiten juicios tan terminantes que al ciudadano de a pie lo dejan sin la más mínima gana de enfrentarse a una obra cinematográfica que se salga un ápice de lo industrialmente impuesto.Otros, por televisión, se atreven a cuestionar por ejemplo a Ingmar Bergman. En un coloquio, al finalizar la proyección de la impresionante “Fresas Salvajes” del citado maestro, hablaron de que sobraba una escena y hasta sugirieron un aberrante “si la hubiera hecho Ford…”.Cuentan, también, con una serie de frases que emiten los propios afectados por el sistema, y que ofician como defensa del aparato industrial. La más significativa e ilustrativa tal vez sea la siguiente: “ya demasiados problemas tengo en el día a día para meterme en una sala de cine a ver problemas”. Lo terrible es que ver ese tipo de cine industrial no hace otra cosa que aumentar el problema de nuestra servidumbre mental, y peor, alimentarla hasta límites inconcebibles.Leía, la semana pasada en Rebelión, el excelente análisis de la realidad literaria que el señor García Viño hace en su prólogo y epílogo del libro “El País: la Cultura como negocio”, y no puedo dejar de relacionarlo directamente con lo referente al cine. Al grupo mayoritario de personas al que se dirigen los fabricantes de libros y que está “…compuesto por aquellas personas que no habían leído nunca o casi nunca y satisfacían las ansias de fabulación, que al parecer sienten todos los seres humanos, mediante el cine y, sobre todo, la televisión”, habría que, si el señor García me permite, hacerle una escisión y separar (al igual que en la literatura y las artes en general) a los que ven cine proveniente de la industria de los que ven Cine.
El cine para los EE.UU. es una cuestión de Estado. La “caza de brujas” no es un hecho aislado, ni un hecho que solo sirva para el argumento de una película de alguien que va de “independiente”, o un hecho lejano en el tiempo que se acabó allí. Es el comienzo, en los hechos, de la utilización masiva de la herramienta cinematográfica como arma para esparcir ideología y, principalmente, generar estructuras mentales en los espectadores que propicien la fácil penetración de la ideología imperialista. Es el arma más poderosa que tienen para invadir sin ejército, justificar una invasión ya perpetrada o una en vías de ejecución.
Así como imponen sus películas, también “esconden” las que puedan intentar transmitir o reflejar valores de carácter humano.
¿Alguien vio la trilogía de Apu del maestro Sayatjit Ray en España en la segunda mitad de la década de los ´50? Y reformulo la pregunta, ¿alguien la vio al día de hoy?
O podemos recurrir a algunos ejemplos más contemporáneos. ¿Alguien vio una película de Angelopoulos, Godard, Kiarostami, o cualquier otro que no siga las pautas establecidas por la industria, estrenarse en los cines? No claro, si leyó el libro de alguno de estos señores que mencionaba antes, seguro que no.
Pero si pregunto por las películas de John Ford seguro que varios me van a dar unos cuantos títulos y hasta se van a animar a repetir una de las maravillosas frases que el maravilloso actor John Wayne decía.
John Ford fue algo más que un maestro. Fue un mago que logró convertir un genocidio en una epopeya. Los indios y los mexicanos eran feos, tontos, salvajes, gritones, sucios, oscuros. Había que matarlos.
Después vinieron los alemanes. ¿Se fijaron en que los soldados alemanes que estaban de guardia en algún feudo militar siempre estaban mirando para el lado opuesto al que venían los “aliados”? También había que matarlos.
Más tarde llegaron los coreanos, los rusos, los vietnamitas, los salvadoreños, los nicaragüenses, los granadinos, los afganos, ahora los iraquíes y mañana ya aparecerán otros que, por supuesto, habrá que matarlos.
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El cine para los EE.UU. es una cuestión de Estado. La “caza de brujas” no es un hecho aislado, ni un hecho que solo sirva para el argumento de una película de alguien que va de “independiente”, o un hecho lejano en el tiempo que se acabó allí. Es el comienzo, en los hechos, de la utilización masiva de la herramienta cinematográfica como arma para esparcir ideología y, principalmente, generar estructuras mentales en los espectadores que propicien la fácil penetración de la ideología imperialista. Es el arma más poderosa que tienen para invadir sin ejército, justificar una invasión ya perpetrada o una en vías de ejecución.Así como imponen sus películas, también “esconden” las que puedan intentar transmitir o reflejar valores de carácter humano.¿Alguien vio la trilogía de Apu del maestro Sayatjit Ray en España en la segunda mitad de la década de los ´50? Y reformulo la pregunta, ¿alguien la vio al día de hoy?O podemos recurrir a algunos ejemplos más contemporáneos. ¿Alguien vio una película de Angelopoulos, Godard, Kiarostami, o cualquier otro que no siga las pautas establecidas por la industria, estrenarse en los cines? No claro, si leyó el libro de alguno de estos señores que mencionaba antes, seguro que no.Pero si pregunto por las películas de John Ford seguro que varios me van a dar unos cuantos títulos y hasta se van a animar a repetir una de las maravillosas frases que el maravilloso actor John Wayne decía.John Ford fue algo más que un maestro. Fue un mago que logró convertir un genocidio en una epopeya. Los indios y los mexicanos eran feos, tontos, salvajes, gritones, sucios, oscuros. Había que matarlos.Después vinieron los alemanes. ¿Se fijaron en que los soldados alemanes que estaban de guardia en algún feudo militar siempre estaban mirando para el lado opuesto al que venían los “aliados”? También había que matarlos.Más tarde llegaron los coreanos, los rusos, los vietnamitas, los salvadoreños, los nicaragüenses, los granadinos, los afganos, ahora los iraquíes y mañana ya aparecerán otros que, por supuesto, habrá que matarlos.
Me contó un amigo que el maravilloso actor Steven Segal rodó, el año pasado, una película en la que un sobreimpreso en los primeros fotogramas rezaba: “Uruguay, 2004” (ó 2003). Resulta que en la imagen aparece un paisaje totalmente desértico, donde una mujer con turbante comanda un rebaño de cabras, la cual al final de esa primera escena se inmola. Confieso que no solo nací en aquella hermosa tierra, sino que viví en ella durante 35 años, y jamás vi a una mujer con turbante, ni una sola cabra, y mucho menos a alguien inmolándose. Ni siquiera en los diarios. Por cierto, no quiero faltar a la verdad y sí que vi, no una, sino dos cabras en uno de mis paseos escolares al zoológico municipal de Montevideo.
Esa imagen, totalmente distorsionada, de las gentes que habitan sitios donde pueda haber algo que les interese, es la que transmiten todo el tiempo a los diversos rincones del planeta. Me pregunto si este será el comienzo de una invasión por el dulce de leche o el asado. ¿O tal vez por el agua?
¿No es para preguntarse que coño tienen que filmar “Memorias de una Geisha”? ¿No nos han dejado ya maravillosas historias de geishas los grandes maestros japoneses? ¿Qué sabe ésta gente de geishas? Tanto como Ud. y yo.
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Rebelión
Siete de cada diez películas provenientes de la industria son deficitarias. ¿Cómo se explica su permanencia y su éxito económico? Muy simple: los famosos “paquetes”.Si usted es exhibidor en cualquier rincón del planeta y quiere comprar los derechos de exhibición de la película de moda, la que le asegura una taquilla exitosa, debe comprar y exhibir, además, una serie de películas que en su país de origen ni siquiera son estrenadas en los cines, sino que van directamente al mercado del video debido a su pésima calidad. Esto no solo hace que quien tiene creado el hábito de “ir al cine” se vea casi obligado a ver un montón de basura, sino también que otras cinematografías queden sin espacio en las pantallas.El monopolio que ejerce la industria del cine norteamericano en el mundo es obsceno. Ocupa, dicha industria, el noventa y tanto por ciento de la cuota de pantalla mundial, protegida por los “acuerdos” de la Organización Mundial del Comercio, la cual, ha convertido también al cine en un mero objeto de comercio, como si de un tornillo o un vaso se tratara. El cine es otra cosa, es en sí mismo una herramienta de comunicación, de identidad, de cultura en definitiva.Cuentan, además, con todo el aparato publicitario disponible para promocionar sus películas. Las pocas producciones independientes que tienen la suerte de ser estrenadas no solo no tienen ese apoyo publicitario sino que, además, se le corta la posibilidad del “boca a boca” ya que cuando éste comienza a funcionar las bajan de cartel por no haber recaudado lo suficiente en la primera o segunda semana de exhibición.Desde hace unos pocos años asistimos a un momento en que algunas semanas antes del estreno de una película vinculada a la industria, se emiten por televisión varios programas donde el productor, el director, los actores y hasta los eléctricos nos “explican” la película, los personajes, sus relaciones y sus reacciones. Resultando que cuando vas a verla al cine, en realidad, ya la viste por lo menos cuatro veces.
Con respecto a los “acuerdos” de la OMC, hay un capítulo que es completamente ilustrativo de lo que hablamos. Se refiere a la “excepción cultural” que consiguieron los franceses. En la misma, éstos se reservan una cuota de pantalla del 40 % para su cine, así como un impuesto a las producciones extranjeras que se destina al apoyo a realizadores noveles franceses. Pero analicemos un poco el propio título de la cuestión. “Excepción cultural”. Dice mucho, ¿verdad? Yo me pregunto: ¿desde cuándo la cultura es una excepción? ¿Desde la caza de brujas maquiavélicamente diseñada por el subnormal de McCarthy?
Pero si hay algo que no se les puede reprochar a los amos de los medios de comunicación es la transparencia. Gritan a los cuatro vientos que son la industria del entretenimiento.
Entretener, según el diccionario de la Real Academia Española, significa:”Distraer a alguien, evitando que haga algo o impidiendo que siga su camino”. Eso es precisamente lo que hacen. Evitan que las personas transiten el camino del crecimiento intelectual, ideológico y espiritual.
No se trata de renegar del cine como entretenimiento. El cine puede ser entretenimiento, pero también puede ser muchas más cosas. De hecho, en muchos casos, es otras cosas que no son específicamente entretenimiento.
Existe, además, un numeroso ejército mercenario compuesto por críticos, historiadores y hasta técnicos que mantienen un discurso elaborado para sostener las bondades del cine imperio-industrial.
Algunos reconocidos señores, que editan lujosas guías históricas del cine escriben con lujosa, también, prepotencia sentenciantes declaraciones como estas que reproduzco a continuación: “…y a nosotros nos gusta todo el cine, pero miramos con mucho cariño el estadounidense que, a veces menospreciativamente, se llama comercial –(¿acaso tiene sentido hacer cine para que vaya poca gente y no se gane dinero?-“ ó esta otra maravilla: “Bergman, Angelopoulos, Von Trier son grandes autores, pero no se puede discutir que se sale de sus proyecciones con el alma en un puño y el espíritu acongojado.” Yo me pregunto: ¿Acaso es posible que una película que no sigue las pautas de Hollywwood, es decir del Pentágono, produzca dinero si se le hace tan mala propaganda incluso antes de existir?
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Con respecto a los “acuerdos” de la OMC, hay un capítulo que es completamente ilustrativo de lo que hablamos. Se refiere a la “excepción cultural” que consiguieron los franceses. En la misma, éstos se reservan una cuota de pantalla del 40 % para su cine, así como un impuesto a las producciones extranjeras que se destina al apoyo a realizadores noveles franceses. Pero analicemos un poco el propio título de la cuestión. “Excepción cultural”. Dice mucho, ¿verdad? Yo me pregunto: ¿desde cuándo la cultura es una excepción? ¿Desde la caza de brujas maquiavélicamente diseñada por el subnormal de McCarthy?Pero si hay algo que no se les puede reprochar a los amos de los medios de comunicación es la transparencia. Gritan a los cuatro vientos que son la industria del entretenimiento.Entretener, según el diccionario de la Real Academia Española, significa:”Distraer a alguien, evitando que haga algo o impidiendo que siga su camino”. Eso es precisamente lo que hacen. Evitan que las personas transiten el camino del crecimiento intelectual, ideológico y espiritual.No se trata de renegar del cine como entretenimiento. El cine puede ser entretenimiento, pero también puede ser muchas más cosas. De hecho, en muchos casos, es otras cosas que no son específicamente entretenimiento.Existe, además, un numeroso ejército mercenario compuesto por críticos, historiadores y hasta técnicos que mantienen un discurso elaborado para sostener las bondades del cine imperio-industrial.Algunos reconocidos señores, que editan lujosas guías históricas del cine escriben con lujosa, también, prepotencia sentenciantes declaraciones como estas que reproduzco a continuación: “…y a nosotros nos gusta todo el cine, pero miramos con mucho cariño el estadounidense que, a veces menospreciativamente, se llama comercial –(¿acaso tiene sentido hacer cine para que vaya poca gente y no se gane dinero?-“ ó esta otra maravilla: “Bergman, Angelopoulos, Von Trier son grandes autores, pero no se puede discutir que se sale de sus proyecciones con el alma en un puño y el espíritu acongojado.” Yo me pregunto: ¿Acaso es posible que una película que no sigue las pautas de Hollywwood, es decir del Pentágono, produzca dinero si se le hace tan mala propaganda incluso antes de existir?
El estrechísimo abanico de posibles sensaciones que estos señores son capaces de experimentar al ver una película se limita a “divertirse” o “acongojársele el espíritu”. Por cierto que es muy significativo y relacionable con otras cosas que se dicen y se escriben acerca de otros temas. Esto es lo que se propone en todos los ámbitos de la vida, la dualidad simple, “el Bien y el Mal”, “o están conmigo o contra mí”, “divertirse o apenarse”. Los que experimentamos otras sensaciones más complejas, ¿estaremos condenados a ser tildados de extraterrestres o de terroristas?
Los “mercenarios” son muy bien elegidos. Desde la importancia que les adjudica el puesto que ocupan y la calidad de sus ediciones, emiten juicios tan terminantes que al ciudadano de a pie lo dejan sin la más mínima gana de enfrentarse a una obra cinematográfica que se salga un ápice de lo industrialmente impuesto.
Otros, por televisión, se atreven a cuestionar por ejemplo a Ingmar Bergman. En un coloquio, al finalizar la proyección de la impresionante “Fresas Salvajes” del citado maestro, hablaron de que sobraba una escena y hasta sugirieron un aberrante “si la hubiera hecho Ford…”.
Cuentan, también, con una serie de frases que emiten los propios afectados por el sistema, y que ofician como defensa del aparato industrial. La más significativa e ilustrativa tal vez sea la siguiente: “ya demasiados problemas tengo en el día a día para meterme en una sala de cine a ver problemas”. Lo terrible es que ver ese tipo de cine industrial no hace otra cosa que aumentar el problema de nuestra servidumbre mental, y peor, alimentarla hasta límites inconcebibles.
Leía, la semana pasada en Rebelión, el excelente análisis de la realidad literaria que el señor García Viño hace en su prólogo y epílogo del libro “El País: la Cultura como negocio”, y no puedo dejar de relacionarlo directamente con lo referente al cine. Al grupo mayoritario de personas al que se dirigen los fabricantes de libros y que está “…compuesto por aquellas personas que no habían leído nunca o casi nunca y satisfacían las ansias de fabulación, que al parecer sienten todos los seres humanos, mediante el cine y, sobre todo, la televisión”, habría que, si el señor García me permite, hacerle una escisión y separar (al igual que en la literatura y las artes en general) a los que ven cine proveniente de la industria de los que ven Cine.
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El estrechísimo abanico de posibles sensaciones que estos señores son capaces de experimentar al ver una película se limita a “divertirse” o “acongojársele el espíritu”. Por cierto que es muy significativo y relacionable con otras cosas que se dicen y se escriben acerca de otros temas. Esto es lo que se propone en todos los ámbitos de la vida, la dualidad simple, “el Bien y el Mal”, “o están conmigo o contra mí”, “divertirse o apenarse”. Los que experimentamos otras sensaciones más complejas, ¿estaremos condenados a ser tildados de extraterrestres o de terroristas?Los “mercenarios” son muy bien elegidos. Desde la importancia que les adjudica el puesto que ocupan y la calidad de sus ediciones, emiten juicios tan terminantes que al ciudadano de a pie lo dejan sin la más mínima gana de enfrentarse a una obra cinematográfica que se salga un ápice de lo industrialmente impuesto.Otros, por televisión, se atreven a cuestionar por ejemplo a Ingmar Bergman. En un coloquio, al finalizar la proyección de la impresionante “Fresas Salvajes” del citado maestro, hablaron de que sobraba una escena y hasta sugirieron un aberrante “si la hubiera hecho Ford…”.Cuentan, también, con una serie de frases que emiten los propios afectados por el sistema, y que ofician como defensa del aparato industrial. La más significativa e ilustrativa tal vez sea la siguiente: “ya demasiados problemas tengo en el día a día para meterme en una sala de cine a ver problemas”. Lo terrible es que ver ese tipo de cine industrial no hace otra cosa que aumentar el problema de nuestra servidumbre mental, y peor, alimentarla hasta límites inconcebibles.Leía, la semana pasada en Rebelión, el excelente análisis de la realidad literaria que el señor García Viño hace en su prólogo y epílogo del libro “El País: la Cultura como negocio”, y no puedo dejar de relacionarlo directamente con lo referente al cine. Al grupo mayoritario de personas al que se dirigen los fabricantes de libros y que está “…compuesto por aquellas personas que no habían leído nunca o casi nunca y satisfacían las ansias de fabulación, que al parecer sienten todos los seres humanos, mediante el cine y, sobre todo, la televisión”, habría que, si el señor García me permite, hacerle una escisión y separar (al igual que en la literatura y las artes en general) a los que ven cine proveniente de la industria de los que ven Cine.
El cine para los EE.UU. es una cuestión de Estado. La “caza de brujas” no es un hecho aislado, ni un hecho que solo sirva para el argumento de una película de alguien que va de “independiente”, o un hecho lejano en el tiempo que se acabó allí. Es el comienzo, en los hechos, de la utilización masiva de la herramienta cinematográfica como arma para esparcir ideología y, principalmente, generar estructuras mentales en los espectadores que propicien la fácil penetración de la ideología imperialista. Es el arma más poderosa que tienen para invadir sin ejército, justificar una invasión ya perpetrada o una en vías de ejecución.
Así como imponen sus películas, también “esconden” las que puedan intentar transmitir o reflejar valores de carácter humano.
¿Alguien vio la trilogía de Apu del maestro Sayatjit Ray en España en la segunda mitad de la década de los ´50? Y reformulo la pregunta, ¿alguien la vio al día de hoy?
O podemos recurrir a algunos ejemplos más contemporáneos. ¿Alguien vio una película de Angelopoulos, Godard, Kiarostami, o cualquier otro que no siga las pautas establecidas por la industria, estrenarse en los cines? No claro, si leyó el libro de alguno de estos señores que mencionaba antes, seguro que no.
Pero si pregunto por las películas de John Ford seguro que varios me van a dar unos cuantos títulos y hasta se van a animar a repetir una de las maravillosas frases que el maravilloso actor John Wayne decía.
John Ford fue algo más que un maestro. Fue un mago que logró convertir un genocidio en una epopeya. Los indios y los mexicanos eran feos, tontos, salvajes, gritones, sucios, oscuros. Había que matarlos.
Después vinieron los alemanes. ¿Se fijaron en que los soldados alemanes que estaban de guardia en algún feudo militar siempre estaban mirando para el lado opuesto al que venían los “aliados”? También había que matarlos.
Más tarde llegaron los coreanos, los rusos, los vietnamitas, los salvadoreños, los nicaragüenses, los granadinos, los afganos, ahora los iraquíes y mañana ya aparecerán otros que, por supuesto, habrá que matarlos.
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El cine para los EE.UU. es una cuestión de Estado. La “caza de brujas” no es un hecho aislado, ni un hecho que solo sirva para el argumento de una película de alguien que va de “independiente”, o un hecho lejano en el tiempo que se acabó allí. Es el comienzo, en los hechos, de la utilización masiva de la herramienta cinematográfica como arma para esparcir ideología y, principalmente, generar estructuras mentales en los espectadores que propicien la fácil penetración de la ideología imperialista. Es el arma más poderosa que tienen para invadir sin ejército, justificar una invasión ya perpetrada o una en vías de ejecución.Así como imponen sus películas, también “esconden” las que puedan intentar transmitir o reflejar valores de carácter humano.¿Alguien vio la trilogía de Apu del maestro Sayatjit Ray en España en la segunda mitad de la década de los ´50? Y reformulo la pregunta, ¿alguien la vio al día de hoy?O podemos recurrir a algunos ejemplos más contemporáneos. ¿Alguien vio una película de Angelopoulos, Godard, Kiarostami, o cualquier otro que no siga las pautas establecidas por la industria, estrenarse en los cines? No claro, si leyó el libro de alguno de estos señores que mencionaba antes, seguro que no.Pero si pregunto por las películas de John Ford seguro que varios me van a dar unos cuantos títulos y hasta se van a animar a repetir una de las maravillosas frases que el maravilloso actor John Wayne decía.John Ford fue algo más que un maestro. Fue un mago que logró convertir un genocidio en una epopeya. Los indios y los mexicanos eran feos, tontos, salvajes, gritones, sucios, oscuros. Había que matarlos.Después vinieron los alemanes. ¿Se fijaron en que los soldados alemanes que estaban de guardia en algún feudo militar siempre estaban mirando para el lado opuesto al que venían los “aliados”? También había que matarlos.Más tarde llegaron los coreanos, los rusos, los vietnamitas, los salvadoreños, los nicaragüenses, los granadinos, los afganos, ahora los iraquíes y mañana ya aparecerán otros que, por supuesto, habrá que matarlos.
Me contó un amigo que el maravilloso actor Steven Segal rodó, el año pasado, una película en la que un sobreimpreso en los primeros fotogramas rezaba: “Uruguay, 2004” (ó 2003). Resulta que en la imagen aparece un paisaje totalmente desértico, donde una mujer con turbante comanda un rebaño de cabras, la cual al final de esa primera escena se inmola. Confieso que no solo nací en aquella hermosa tierra, sino que viví en ella durante 35 años, y jamás vi a una mujer con turbante, ni una sola cabra, y mucho menos a alguien inmolándose. Ni siquiera en los diarios. Por cierto, no quiero faltar a la verdad y sí que vi, no una, sino dos cabras en uno de mis paseos escolares al zoológico municipal de Montevideo.
Esa imagen, totalmente distorsionada, de las gentes que habitan sitios donde pueda haber algo que les interese, es la que transmiten todo el tiempo a los diversos rincones del planeta. Me pregunto si este será el comienzo de una invasión por el dulce de leche o el asado. ¿O tal vez por el agua?
¿No es para preguntarse que coño tienen que filmar “Memorias de una Geisha”? ¿No nos han dejado ya maravillosas historias de geishas los grandes maestros japoneses? ¿Qué sabe ésta gente de geishas? Tanto como Ud. y yo.
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Fidel Castro: "No necesitamos ningún plan de asistencia yanqui porque hoy tenemos lo que la población de Estados Unidos no tiene"
Raisa Pagés
Granma
Los que acusan a Cuba de violar derechos humanos hoy matan a cientos de miles de personas en Iraq, Afganistán, Palestina, y el Líbano, denunció el Comandante en Jefe Fidel Castro al inaugurar el mayor grupo electrógeno del país, ubicado en la oriental provincia de Holguín.
El líder de la Revolución Cubana fustigó hoy la prepotencia y el militarismo de Estados Unidos, cuyo gobierno se vale de su poderío militar para bombardear, invadir y amenazar a países soberanos en el Medio Oriente.
Encomió la resistencia de los pueblos frente a las pretensiones imperiales. "Nos alienta conocer la firmeza de los que defienden la justicia, la verdadera libertad, los que defienden los verdaderos derechos humanos y no aquellos que mientras andan acusando a los demás, matan a miles, decenas y cientos de miles", sentenció.
Deploró que "ahora mismo, en el Líbano, un país pacífico, que cuenta con la simpatía y respeto del mundo, aquel pueblo está siendo masacrado, bombardeado, intervenido".
Señaló que muy cerca está Iraq, donde han muerto decenas de miles de ciudadanos civiles luego de la invasión estadounidense en 2003, apoyado por varias potencias europeas, y algo similar ocurre con Afganistán.
Iraq invadido porqué, Palestina (la franja de Gaza) invadida porqué, Siria humillado porqué, Líbano agredido porqué, se preguntó, y apuntó que Washington recurre a la fuerza porque tiene decenas de miles de armas nucleares estratégicas y tácticas.
Denunció que el propio Israel posee más de 300 armas nucleares, mientras Estados Unidos habla de sancionar a Irán para impedirle que produzca combustible nuclear con fines pacíficos, para obligarlo a que gaste el gas y el petróleo, que son el combustible de hoy.
Subrayó que la administración del presidente norteamericano, George W. Bush, tiene poder porque tiene dinero y los medios para calumniar y mentir.
Sin embargo, dijo "este mundo de hoy no es el de ayer", y aludió a la reciente reunión cumbre del MERCOSUR (en Córdoba, Argentina) y los procesos revolucionarios como el bolivariano en Venezuela y el encabezado por el presidente Evo Morales en Bolivia.
A renglón seguido señaló que cada vez se siente más respeto por Cuba en la región latinoamericana y eso es una prueba de los cambios, advirtió.
Basta una chispa para que ardan las mentes y corazones de los latinoamericanos, dijo al recordar los rostros y la disciplina con que la ciudad argentina de Córdoba acogió recientemente a los principales líderes del MERCOSUR y sus invitados en un contexto de verdadera integración.
En ese sentido, Fidel destacó que Venezuela levantó las banderas de la unión de todo el continente, y ahora van surgiendo nuevas revoluciones en el hemisferio.
Alertó que pese al poderío militar, La Casa Blanca no puede aplastar las revoluciones, "llevan más de 45 años tratando de aplastar la cubana y no han podido, han tratado de aplastar la venezolana y no han podido", acotó.
Expresó que el imperialismo cree que matando líderes mata revoluciones, y ante esa lógica de pensamiento propuso actuar con inteligencia y apegado a las grandes mayorías.
"Si el imperialismo quiere eso, lo que debemos proponernos todos, absolutamente todos, es que el destino de los pueblos o la dirección acertada de los pueblos no dependa de hombres, ni de individuos por desinteresados que sean o consagrados a una causa", sugirió.
En ese sentido, explicó que los procesos revolucionarios no deben basarse en el destino de los hombres que los dirigen, sino en la conciencia creada en cada uno de los ciudadanos de un país.
Los pueblos latinoamericanos se asoman a las primeras luces de un amanecer que nada ni nadie podrá apagar.
Granma
Los que acusan a Cuba de violar derechos humanos hoy matan a cientos de miles de personas en Iraq, Afganistán, Palestina, y el Líbano, denunció el Comandante en Jefe Fidel Castro al inaugurar el mayor grupo electrógeno del país, ubicado en la oriental provincia de Holguín.
El líder de la Revolución Cubana fustigó hoy la prepotencia y el militarismo de Estados Unidos, cuyo gobierno se vale de su poderío militar para bombardear, invadir y amenazar a países soberanos en el Medio Oriente.
Encomió la resistencia de los pueblos frente a las pretensiones imperiales. "Nos alienta conocer la firmeza de los que defienden la justicia, la verdadera libertad, los que defienden los verdaderos derechos humanos y no aquellos que mientras andan acusando a los demás, matan a miles, decenas y cientos de miles", sentenció.
Deploró que "ahora mismo, en el Líbano, un país pacífico, que cuenta con la simpatía y respeto del mundo, aquel pueblo está siendo masacrado, bombardeado, intervenido".
Señaló que muy cerca está Iraq, donde han muerto decenas de miles de ciudadanos civiles luego de la invasión estadounidense en 2003, apoyado por varias potencias europeas, y algo similar ocurre con Afganistán.
Iraq invadido porqué, Palestina (la franja de Gaza) invadida porqué, Siria humillado porqué, Líbano agredido porqué, se preguntó, y apuntó que Washington recurre a la fuerza porque tiene decenas de miles de armas nucleares estratégicas y tácticas.
Denunció que el propio Israel posee más de 300 armas nucleares, mientras Estados Unidos habla de sancionar a Irán para impedirle que produzca combustible nuclear con fines pacíficos, para obligarlo a que gaste el gas y el petróleo, que son el combustible de hoy.
Subrayó que la administración del presidente norteamericano, George W. Bush, tiene poder porque tiene dinero y los medios para calumniar y mentir.
Sin embargo, dijo "este mundo de hoy no es el de ayer", y aludió a la reciente reunión cumbre del MERCOSUR (en Córdoba, Argentina) y los procesos revolucionarios como el bolivariano en Venezuela y el encabezado por el presidente Evo Morales en Bolivia.
A renglón seguido señaló que cada vez se siente más respeto por Cuba en la región latinoamericana y eso es una prueba de los cambios, advirtió.
Basta una chispa para que ardan las mentes y corazones de los latinoamericanos, dijo al recordar los rostros y la disciplina con que la ciudad argentina de Córdoba acogió recientemente a los principales líderes del MERCOSUR y sus invitados en un contexto de verdadera integración.
En ese sentido, Fidel destacó que Venezuela levantó las banderas de la unión de todo el continente, y ahora van surgiendo nuevas revoluciones en el hemisferio.
Alertó que pese al poderío militar, La Casa Blanca no puede aplastar las revoluciones, "llevan más de 45 años tratando de aplastar la cubana y no han podido, han tratado de aplastar la venezolana y no han podido", acotó.
Expresó que el imperialismo cree que matando líderes mata revoluciones, y ante esa lógica de pensamiento propuso actuar con inteligencia y apegado a las grandes mayorías.
"Si el imperialismo quiere eso, lo que debemos proponernos todos, absolutamente todos, es que el destino de los pueblos o la dirección acertada de los pueblos no dependa de hombres, ni de individuos por desinteresados que sean o consagrados a una causa", sugirió.
En ese sentido, explicó que los procesos revolucionarios no deben basarse en el destino de los hombres que los dirigen, sino en la conciencia creada en cada uno de los ciudadanos de un país.
Los pueblos latinoamericanos se asoman a las primeras luces de un amanecer que nada ni nadie podrá apagar.
Thursday, July 27, 2006
Israel avanza por tierra, Hezbolá responde
Dahr Jamail
IPS
Israel avanzó por tierra en Líbano este martes, mientras el movimiento islamista chiita Hezbolá (Partido de Dios) lanzó más misiles matando a dos soldados. En medio del fuego cruzado, aumenta el número de civiles desplazados. Un funcionario de la Fuerza Aérea israelí anunció que "el jefe de Estado Mayor del Ejército, Dan Halutz, dio la orden de destruir 10 edificios de varios pisos en el distrito de Dahaya (Beirut) en represalia por cada misil lanzado (por el Hezbolá) contra (la septentrional ciudad israelí de) Haifa". Este anuncio llegó como una advertencia de más castigos colectivos contra los civiles libaneses. Las Convenciones de Ginebra, que rigen el derecho internacional humanitario, parecen haber sido olvidadas. No hay miras de un cese de las hostilidades. El brigadier general Alon Friedman, del Ejército israelí, anunció que "el alcance (de la ofensiva) seguirá creciendo. Estamos avanzando". El militar admitió que los bombardeos podrían continuar otros 10 días. Mientras el ejército israelí avanzaba por tierra este martes en el territorio libanés, hasta la localidad de Bint Jbail, considerada la "capital" del Hezbolá, el movimiento islamista respondía con misiles, matando a dos soldados, según informes locales. El Hezbolá aseguró también haber abatido un helicóptero Apache israelí y destruido varios tanques de guerra. Hasta ahora, 20 soldados de Israel han muerto en los enfrentamientos. Mientras continuaba el avance israelí en el sur libanés, Beirut se preparaba para recibir más desplazados. Por lo menos 900.000 libaneses se han visto obligados a abandonar sus hogares por causa de la ofensiva de Israel, iniciada el 12 de este mes en respuesta al secuestro de dos de sus soldados por parte del Hezbolá. Más de 380 libaneses y de 40 israelíes han muerto hasta ahora por el conflicto. "Los israelíes bombardearon todo lo que estaba alrededor de nuestra casa, por eso nos fuimos hace 12 días. Nos quedamos sin agua y sin electricidad desde que comenzó el ataque, así que escapamos para salvar nuestras vidas", dijo a IPS Supinesh Attar, un libanés de 50 años, procedente de la meridional ciudad de Nabatiye, y ahora refugiado en un campamento instalado en uno de los parques céntricos de Beirut. Attar, sentado en un banco y con un pedazo de pan que acababa de recibir de un trabajador voluntario, contó que siempre tenía hambre y que no sabía dónde instalarse. "Mi familia, de 12 miembros, está disgregada por toda Beirut. Estoy solo en este parque", señaló. Sarjoun Namdi, un trabajador voluntario del campamento, dijo a IPS que en el lugar había entre 3.000 y 4.000 personas. "Cada día llegan entre 600 y 700 nuevos refugiados, y procuramos llevarlos a sitios más seguros. Este lugar tiene poca higiene y no hay suficiente comida", explicó, mientras aviones israelíes sobrevolaban la zona. Las agencias humanitarias exigen que se abra un corredor seguro para el acceso de la ayuda internacional y el traslado de los civiles desplazados. Organizaciones internacionales alertaron que se avecina una gran catástrofe humanitaria a menos que se acelere el acceso a los suministros, bloqueado por los bombardeos y la propagada destrucción de infraestructura. La Cruz Roja Libanesa sigue trabajando contrarreloj para atender a los heridos, distribuir alimentos, agua potable, frazadas y colchones. El Ministerio de Defensa israelí anunció este martes que prevé crear un "corredor de seguridad" en el sur de Líbano para facilitar el trabajo de las agencias. Por ahora, la mayor parte de la ayuda a los desplazados y heridos es provista por grupos locales. Varios de los campamentos para desplazados en escuelas y parques de Beirut visitados por IPS eran administrados por mezquitas, iglesias organizaciones de la sociedad civil y el propio Hezbolá. http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=38144
IPS
Israel avanzó por tierra en Líbano este martes, mientras el movimiento islamista chiita Hezbolá (Partido de Dios) lanzó más misiles matando a dos soldados. En medio del fuego cruzado, aumenta el número de civiles desplazados. Un funcionario de la Fuerza Aérea israelí anunció que "el jefe de Estado Mayor del Ejército, Dan Halutz, dio la orden de destruir 10 edificios de varios pisos en el distrito de Dahaya (Beirut) en represalia por cada misil lanzado (por el Hezbolá) contra (la septentrional ciudad israelí de) Haifa". Este anuncio llegó como una advertencia de más castigos colectivos contra los civiles libaneses. Las Convenciones de Ginebra, que rigen el derecho internacional humanitario, parecen haber sido olvidadas. No hay miras de un cese de las hostilidades. El brigadier general Alon Friedman, del Ejército israelí, anunció que "el alcance (de la ofensiva) seguirá creciendo. Estamos avanzando". El militar admitió que los bombardeos podrían continuar otros 10 días. Mientras el ejército israelí avanzaba por tierra este martes en el territorio libanés, hasta la localidad de Bint Jbail, considerada la "capital" del Hezbolá, el movimiento islamista respondía con misiles, matando a dos soldados, según informes locales. El Hezbolá aseguró también haber abatido un helicóptero Apache israelí y destruido varios tanques de guerra. Hasta ahora, 20 soldados de Israel han muerto en los enfrentamientos. Mientras continuaba el avance israelí en el sur libanés, Beirut se preparaba para recibir más desplazados. Por lo menos 900.000 libaneses se han visto obligados a abandonar sus hogares por causa de la ofensiva de Israel, iniciada el 12 de este mes en respuesta al secuestro de dos de sus soldados por parte del Hezbolá. Más de 380 libaneses y de 40 israelíes han muerto hasta ahora por el conflicto. "Los israelíes bombardearon todo lo que estaba alrededor de nuestra casa, por eso nos fuimos hace 12 días. Nos quedamos sin agua y sin electricidad desde que comenzó el ataque, así que escapamos para salvar nuestras vidas", dijo a IPS Supinesh Attar, un libanés de 50 años, procedente de la meridional ciudad de Nabatiye, y ahora refugiado en un campamento instalado en uno de los parques céntricos de Beirut. Attar, sentado en un banco y con un pedazo de pan que acababa de recibir de un trabajador voluntario, contó que siempre tenía hambre y que no sabía dónde instalarse. "Mi familia, de 12 miembros, está disgregada por toda Beirut. Estoy solo en este parque", señaló. Sarjoun Namdi, un trabajador voluntario del campamento, dijo a IPS que en el lugar había entre 3.000 y 4.000 personas. "Cada día llegan entre 600 y 700 nuevos refugiados, y procuramos llevarlos a sitios más seguros. Este lugar tiene poca higiene y no hay suficiente comida", explicó, mientras aviones israelíes sobrevolaban la zona. Las agencias humanitarias exigen que se abra un corredor seguro para el acceso de la ayuda internacional y el traslado de los civiles desplazados. Organizaciones internacionales alertaron que se avecina una gran catástrofe humanitaria a menos que se acelere el acceso a los suministros, bloqueado por los bombardeos y la propagada destrucción de infraestructura. La Cruz Roja Libanesa sigue trabajando contrarreloj para atender a los heridos, distribuir alimentos, agua potable, frazadas y colchones. El Ministerio de Defensa israelí anunció este martes que prevé crear un "corredor de seguridad" en el sur de Líbano para facilitar el trabajo de las agencias. Por ahora, la mayor parte de la ayuda a los desplazados y heridos es provista por grupos locales. Varios de los campamentos para desplazados en escuelas y parques de Beirut visitados por IPS eran administrados por mezquitas, iglesias organizaciones de la sociedad civil y el propio Hezbolá. http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=38144
Bolivia: la Constituyente y la ultraizquierda
Guillermo Almeyra · · · · ·
23/07/06
Como siempre, los movimientos sociales importantes están bajo el fuego de la derecha y también de la ultraizquierda, la cual quiere todo, ya, y además envuelto en celofán con un lindo moñito.
El Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales (que, recordémoslo, no es un partido clásico sino un partido-movimiento, un pool de sindicatos y organizaciones políticas y sociales) aumentó aún más sus votos con respecto de las elecciones pasadas y, con sus aliados, tiene la mayoría absoluta de las diputaciones en la Asamblea Constituyente (AC), aunque no los dos tercios necesarios, según la ley, para modificar la esencia de la Carta Magna. Que yo conozca, nadie, en ningún país del mundo, ha ganado elecciones con 77 por ciento de los votos, de modo que no obtener "nada más" que 60 por ciento no es una derrota sino una gran victoria para un dirigente que, contra Gonzalo Sánchez de Losada, apenas superó 20 por ciento y poco después fue elegido, tras históricas movilizaciones, en diciembre, hace medio año, con 54 por ciento.
Evo tiene hoy mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente y consiguió hacer triunfar el NO al proyecto separatista, presentado como autonómico por la derecha en las regiones que ésta domina, pero donde el MAS tiene cerca de un tercio de los votos. ¿Cómo hablar entonces del "fin de la transición política en Bolivia" y dar por muerta a una fuerza que tiene tan buena salud, precisamente antes de la gran pelea con la derecha, en la Asamblea Constituyente y en la acción de masas? ¿Cómo creer que un país, como todos, complejo y dividido en clases, pobrísimo, casi sin obreros y en el actual entorno internacional, puede conseguir en seis meses algo más de lo que ya se obtuvo, es decir, la transformación total de las relaciones de fuerzas, de modo de colocar a la derecha, actualmente, a la defensiva y en la casi ilegalidad? ¿Quién puede asegurar -a menos que tenga bola de cristal- que el MAS no podrá realizar en la Asamblea Constituyente sino algunos "cambios menores" y creer que toda la disputa se dará solamente entre los diputados, y no entre quienes apoyan desde afuera a los diputados del MAS con sus luchas independientes, por un lado, y los diputados y las guardias blancas de la oligarquía, más los poderes de facto, nacionales e internacionales, del otro? ¿El pueblo boliviano no existe y entonces "una demanda nacida de los movimientos (...) quedará atrapada en los vericuetos de una burocracia estatal que tiende a consolidarse" (¡una nueva burocracia que se consolidaría en apenas seis agitados meses!)?
Hay que tener muy poca sensibilidad para no comprender el salto histórico que han dado los indígenas hoy en el gobierno y la descolonización de un país racista para decir que "el que la maquinaria estatal colonial quede cubierta de ponchos y polleras no modifica de modo sustancial los hábitos y modos" (del funcionamiento de esa nueva-vieja burocracia). Aunque el país sigue siendo capitalista y su burocracia estatal sigue siendo, por supuesto, un aparato atrasado y con intereses propios, precisamente los "ponchos y polleras" no sólo marcan un extraordinario cambio social sino que hacen irrumpir a los sectores populares en las instituciones y crean las condiciones para controlar esa burocracia y para desarrollar las fuerzas que la sustituirán.
¿Es verdad, además, que Evo Morales y Alvaro García Linera buscaban, como dice el título del reciente artículo de Raúl Zibechi, "el deseado empate técnico" y no una victoria? ¿Es verdad que utilizaron dicho supuesto empate "como coartada para señalar que la única salida era la electoral" y serían por consiguiente además de cínicos, traidores? ¿Era posible hace seis meses una salida insurreccional que ellos habrían impedido? ¿Es posible hoy esa salida? ¿Es verdad que por responsabilidad del gobierno del MAS "el momento insurreccional dio paso al momento institucional"? ¿Qué harán los rebeldes o los insurrectos de hace unos meses si Santa Cruz intenta su "autonomía" separatista, armas en mano, al no poder hacerla aceptar en la AC y si la derecha y el imperialismo intentan -como seguramente lo harán- ahogar al gobierno de Evo Morales? ¿Se quedarán de brazos cruzados porque Evo los habría ya castrado y desmoralizado? ¿Por qué el MAS obtiene ahora más votos populares que cuando accedió a la presidencia? ¿No habrá acaso una continuación de la rebeldía bajo la forma, no tanto de la institucionalización castrante sino de la legalización y conquista de nuevas posiciones de poder, no sólo en las instituciones sino a nivel de comunidades, de municipios, del territorio, de la cultura, de la conciencia y el orgullo de la gente común?
Antes, hace unos meses, los indígenas, con su fuerza, bloqueaban "los proyectos del poder" oligárquico. ¿Ahora podrá hacer lo mismo la oligarquía como dice el periodista mencionado? El hecho mismo de formular así las cosas debería demostrarle que no hay "un empate técnico" porque uno está más fuerte que el otro aunque la suerte de la guerra de clases no esté definida (ni lo esté tampoco la de la AC). Para quien ve solamente a los gobernantes y a sus oponentes escapa siempre el hecho de que los que votaron por el MAS para la AC ni le han dado un cheque en blanco ni han delegado su responsabilidad. Como reza el dicho, están "a Dios rogando y con el mazo dando", y la popularidad de Evo entre ellos no se debe a un supuesto atraso o a la ingenuidad sino al hecho de que Evo está al nivel de su propia decisión y cultura política, y de que se identifican mayoritariamente con él, lo ven peleando, aunque la ultraizquierda denuncie concesiones y traiciones porque en estos seis meses no transformó totalmente al país ni lo llevó directamente al socialismo.
Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISOLa Jornada, 16 julio 2006
23/07/06
Como siempre, los movimientos sociales importantes están bajo el fuego de la derecha y también de la ultraizquierda, la cual quiere todo, ya, y además envuelto en celofán con un lindo moñito.
El Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales (que, recordémoslo, no es un partido clásico sino un partido-movimiento, un pool de sindicatos y organizaciones políticas y sociales) aumentó aún más sus votos con respecto de las elecciones pasadas y, con sus aliados, tiene la mayoría absoluta de las diputaciones en la Asamblea Constituyente (AC), aunque no los dos tercios necesarios, según la ley, para modificar la esencia de la Carta Magna. Que yo conozca, nadie, en ningún país del mundo, ha ganado elecciones con 77 por ciento de los votos, de modo que no obtener "nada más" que 60 por ciento no es una derrota sino una gran victoria para un dirigente que, contra Gonzalo Sánchez de Losada, apenas superó 20 por ciento y poco después fue elegido, tras históricas movilizaciones, en diciembre, hace medio año, con 54 por ciento.
Evo tiene hoy mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente y consiguió hacer triunfar el NO al proyecto separatista, presentado como autonómico por la derecha en las regiones que ésta domina, pero donde el MAS tiene cerca de un tercio de los votos. ¿Cómo hablar entonces del "fin de la transición política en Bolivia" y dar por muerta a una fuerza que tiene tan buena salud, precisamente antes de la gran pelea con la derecha, en la Asamblea Constituyente y en la acción de masas? ¿Cómo creer que un país, como todos, complejo y dividido en clases, pobrísimo, casi sin obreros y en el actual entorno internacional, puede conseguir en seis meses algo más de lo que ya se obtuvo, es decir, la transformación total de las relaciones de fuerzas, de modo de colocar a la derecha, actualmente, a la defensiva y en la casi ilegalidad? ¿Quién puede asegurar -a menos que tenga bola de cristal- que el MAS no podrá realizar en la Asamblea Constituyente sino algunos "cambios menores" y creer que toda la disputa se dará solamente entre los diputados, y no entre quienes apoyan desde afuera a los diputados del MAS con sus luchas independientes, por un lado, y los diputados y las guardias blancas de la oligarquía, más los poderes de facto, nacionales e internacionales, del otro? ¿El pueblo boliviano no existe y entonces "una demanda nacida de los movimientos (...) quedará atrapada en los vericuetos de una burocracia estatal que tiende a consolidarse" (¡una nueva burocracia que se consolidaría en apenas seis agitados meses!)?
Hay que tener muy poca sensibilidad para no comprender el salto histórico que han dado los indígenas hoy en el gobierno y la descolonización de un país racista para decir que "el que la maquinaria estatal colonial quede cubierta de ponchos y polleras no modifica de modo sustancial los hábitos y modos" (del funcionamiento de esa nueva-vieja burocracia). Aunque el país sigue siendo capitalista y su burocracia estatal sigue siendo, por supuesto, un aparato atrasado y con intereses propios, precisamente los "ponchos y polleras" no sólo marcan un extraordinario cambio social sino que hacen irrumpir a los sectores populares en las instituciones y crean las condiciones para controlar esa burocracia y para desarrollar las fuerzas que la sustituirán.
¿Es verdad, además, que Evo Morales y Alvaro García Linera buscaban, como dice el título del reciente artículo de Raúl Zibechi, "el deseado empate técnico" y no una victoria? ¿Es verdad que utilizaron dicho supuesto empate "como coartada para señalar que la única salida era la electoral" y serían por consiguiente además de cínicos, traidores? ¿Era posible hace seis meses una salida insurreccional que ellos habrían impedido? ¿Es posible hoy esa salida? ¿Es verdad que por responsabilidad del gobierno del MAS "el momento insurreccional dio paso al momento institucional"? ¿Qué harán los rebeldes o los insurrectos de hace unos meses si Santa Cruz intenta su "autonomía" separatista, armas en mano, al no poder hacerla aceptar en la AC y si la derecha y el imperialismo intentan -como seguramente lo harán- ahogar al gobierno de Evo Morales? ¿Se quedarán de brazos cruzados porque Evo los habría ya castrado y desmoralizado? ¿Por qué el MAS obtiene ahora más votos populares que cuando accedió a la presidencia? ¿No habrá acaso una continuación de la rebeldía bajo la forma, no tanto de la institucionalización castrante sino de la legalización y conquista de nuevas posiciones de poder, no sólo en las instituciones sino a nivel de comunidades, de municipios, del territorio, de la cultura, de la conciencia y el orgullo de la gente común?
Antes, hace unos meses, los indígenas, con su fuerza, bloqueaban "los proyectos del poder" oligárquico. ¿Ahora podrá hacer lo mismo la oligarquía como dice el periodista mencionado? El hecho mismo de formular así las cosas debería demostrarle que no hay "un empate técnico" porque uno está más fuerte que el otro aunque la suerte de la guerra de clases no esté definida (ni lo esté tampoco la de la AC). Para quien ve solamente a los gobernantes y a sus oponentes escapa siempre el hecho de que los que votaron por el MAS para la AC ni le han dado un cheque en blanco ni han delegado su responsabilidad. Como reza el dicho, están "a Dios rogando y con el mazo dando", y la popularidad de Evo entre ellos no se debe a un supuesto atraso o a la ingenuidad sino al hecho de que Evo está al nivel de su propia decisión y cultura política, y de que se identifican mayoritariamente con él, lo ven peleando, aunque la ultraizquierda denuncie concesiones y traiciones porque en estos seis meses no transformó totalmente al país ni lo llevó directamente al socialismo.
Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISOLa Jornada, 16 julio 2006
Wednesday, July 26, 2006
Empresas transnacionales alteraron los medidores de control de la producción en los campos petroleros
Argenpress
El gobierno efectuará una rigurosa auditoría en los campos petroleros, una vez que durante la visita a los campos Margarita y San Antonio, se evidenció que los medidores de control de la producción gasífera han sido alterados y se presta escaso respaldo a las tareas de los fiscalizadores de YPFB.Se trata de destapar las 'cajas negras' de las empresas, aseguró el viceministro de Exploración y Producción de Hidrocarburos, Julio Gómez, en visita sorpresa efectuada a ambos campos ubicados en el Gran Chaco tarijeño.La excesiva vigilancia que se respira y se vive en los campos petroleros Margarita, administrado por Repsol YPF y San Antonio bajo la tutela de Petrobras, llamó la atención, pese a la nacionalización de los hidrocarburos dictaminada por el presidente Evo Morales, el pasado 1º de mayo.'Los 13 medidores no están trabajando, no se los puede leer por afuera... tienen anormalidades pero ya conoce YPFB, hemos mandado un informe y tienen un plazo para reparar esto', afirmó el ingeniero Wilbor David Morales.Los tres ingenieros de YPFB en el campo Margarita realizan labores de fiscalización de la producción de gas, crudo, residuos, medio ambiente entre otros.Por su lado el ingeniero fiscal de YPFB, Edgar Gutiérrez, responsable de la planta Sábalo, en San Antonio, denunció que los ejecutivos de Petrobras no los cooperan para el cumplimiento de las labores encomendadas por la empresa estatal petrolera.'Nosotros recibimos un informe diario de toda la producción, pero no así en cuestiones humanitarias, por ejemplo nosotros no contamos con una oficina, pese a ser mayoritarios', denunció Gutiérrez.Gutiérrez y dos ingenieros más, trabajan en la sala de reuniones de Petrobras y cada que esta compañía tiene reunión, les desalojan y tiene que trabajar en el patio.'Aveces estamos 4 a 5 horas sin poder hacer nuestro trabajo hasta que ellos salen. No tenemos uso de Internet, por ejemplo, nos lo niegan totalmente, no tenemos uso de teléfono, tenemos que hacerlo por celular y realizar así nuestro trabajo', se lamentó.Al Viceministro Gómez, se sumó durante la visita el senador del MAS, Ricardo Díaz, los dirigentes de la COD Sucre Jorge Guzmán, Gonzalo Llanos y el comandante de la Tercera de División, Cnl. Jaime Dulón, quienes percibieron y reprocharon las estrictas normas de seguridad que establecieron los funcionarios de las empresas ante su presencia.En el campo petrolero Margarita, las autoridades tuvieron que esperar más de 10 minutos para ingresar a los predios, en San Antonio (Petrobras) este tiempo se duplicó a 20 para conversar con los responsables y comunicarles que dentro de 10 días deberán prestar toda la documentación y colaboración a los auditores.'Tenemos que saber quienes son los que van a entrar', decía el vigilante de Repsol YPF, al tiempo que trataba de comunicarse con otra central para dar el parte de la comitiva de La Paz y Sucre. Nombres, apellidos, cargos y número de visitantes fueron registradas en más de tres planillas que eran leídas una y otra vez a otra central que se hallaba a varios kilómetros del megacampo.La espera de más de diez minutos fue rota por la voz de mando del Cnl. Jaime Dulón, quien conminó al vigilante que abriera el portal y deje ingresar a las autoridades de Gobierno.La comitiva que fue recibida con cierto recelo por el ingeniero cruceño, Hilton Vargas y tuvo que aguardar otro tiempo hasta que este se comunique con otra central en la Argentina, para recibir instrucciones.Empero esta espera fue cortada por el Viceministro Gómez quien les comunicó que dentro de 10 días, aproximadamente, un equipo multidisciplinario de auditores se trasladará a ese campo para realizar labores de auditaje, tal como establece el decreto de nacionalización de los hidrocarburos del pasado 1º de mayo.MargaritaEl campo Margarita está ubicado en la provincia O'Connor del departamento de Tarija. Se constituye en el mayor yacimiento hidrocarburífero de Bolivia con una reserva de un promedio de 70 mil trillones de pies cúbicos de gas natural y 303.45 millones de barriles de petróleo, según datos del año 2001.Margarita posee 4 pozos, a decir del ingeniero Hilton Vargas, el pozo Margarita X-3 es el mejor mientras que en el pozo Margarita X - 4 aún se realizan estudios para ver si existe gas o petróleo.El yacimiento Margarita está ubicado en el sur de Bolivia , se encuentra en una de las zonas más ricas de reservas de gas del país, concretamente dentro del bloque denominado Caipipendi. El campamento petrolero Palos Blancos esta ubicado cerca de la población guaraní Yuati.San AntonioJunto a San Alberto, San Antonio son los campos petroleros más importantes del país y están al mando de Petrobras que actúa en las áreas de negocios de exploración y producción, refinación, transporte y comercialización, distribución, gas y energía. San Alberto y San Antonio poseen las reservas más grandes de Bolivia. La primera planta de procesamiento de gas natural en el campo de San Alberto tiene capacidad para 6.6 millones de metros cúbicos de gas por día.
El gobierno efectuará una rigurosa auditoría en los campos petroleros, una vez que durante la visita a los campos Margarita y San Antonio, se evidenció que los medidores de control de la producción gasífera han sido alterados y se presta escaso respaldo a las tareas de los fiscalizadores de YPFB.Se trata de destapar las 'cajas negras' de las empresas, aseguró el viceministro de Exploración y Producción de Hidrocarburos, Julio Gómez, en visita sorpresa efectuada a ambos campos ubicados en el Gran Chaco tarijeño.La excesiva vigilancia que se respira y se vive en los campos petroleros Margarita, administrado por Repsol YPF y San Antonio bajo la tutela de Petrobras, llamó la atención, pese a la nacionalización de los hidrocarburos dictaminada por el presidente Evo Morales, el pasado 1º de mayo.'Los 13 medidores no están trabajando, no se los puede leer por afuera... tienen anormalidades pero ya conoce YPFB, hemos mandado un informe y tienen un plazo para reparar esto', afirmó el ingeniero Wilbor David Morales.Los tres ingenieros de YPFB en el campo Margarita realizan labores de fiscalización de la producción de gas, crudo, residuos, medio ambiente entre otros.Por su lado el ingeniero fiscal de YPFB, Edgar Gutiérrez, responsable de la planta Sábalo, en San Antonio, denunció que los ejecutivos de Petrobras no los cooperan para el cumplimiento de las labores encomendadas por la empresa estatal petrolera.'Nosotros recibimos un informe diario de toda la producción, pero no así en cuestiones humanitarias, por ejemplo nosotros no contamos con una oficina, pese a ser mayoritarios', denunció Gutiérrez.Gutiérrez y dos ingenieros más, trabajan en la sala de reuniones de Petrobras y cada que esta compañía tiene reunión, les desalojan y tiene que trabajar en el patio.'Aveces estamos 4 a 5 horas sin poder hacer nuestro trabajo hasta que ellos salen. No tenemos uso de Internet, por ejemplo, nos lo niegan totalmente, no tenemos uso de teléfono, tenemos que hacerlo por celular y realizar así nuestro trabajo', se lamentó.Al Viceministro Gómez, se sumó durante la visita el senador del MAS, Ricardo Díaz, los dirigentes de la COD Sucre Jorge Guzmán, Gonzalo Llanos y el comandante de la Tercera de División, Cnl. Jaime Dulón, quienes percibieron y reprocharon las estrictas normas de seguridad que establecieron los funcionarios de las empresas ante su presencia.En el campo petrolero Margarita, las autoridades tuvieron que esperar más de 10 minutos para ingresar a los predios, en San Antonio (Petrobras) este tiempo se duplicó a 20 para conversar con los responsables y comunicarles que dentro de 10 días deberán prestar toda la documentación y colaboración a los auditores.'Tenemos que saber quienes son los que van a entrar', decía el vigilante de Repsol YPF, al tiempo que trataba de comunicarse con otra central para dar el parte de la comitiva de La Paz y Sucre. Nombres, apellidos, cargos y número de visitantes fueron registradas en más de tres planillas que eran leídas una y otra vez a otra central que se hallaba a varios kilómetros del megacampo.La espera de más de diez minutos fue rota por la voz de mando del Cnl. Jaime Dulón, quien conminó al vigilante que abriera el portal y deje ingresar a las autoridades de Gobierno.La comitiva que fue recibida con cierto recelo por el ingeniero cruceño, Hilton Vargas y tuvo que aguardar otro tiempo hasta que este se comunique con otra central en la Argentina, para recibir instrucciones.Empero esta espera fue cortada por el Viceministro Gómez quien les comunicó que dentro de 10 días, aproximadamente, un equipo multidisciplinario de auditores se trasladará a ese campo para realizar labores de auditaje, tal como establece el decreto de nacionalización de los hidrocarburos del pasado 1º de mayo.MargaritaEl campo Margarita está ubicado en la provincia O'Connor del departamento de Tarija. Se constituye en el mayor yacimiento hidrocarburífero de Bolivia con una reserva de un promedio de 70 mil trillones de pies cúbicos de gas natural y 303.45 millones de barriles de petróleo, según datos del año 2001.Margarita posee 4 pozos, a decir del ingeniero Hilton Vargas, el pozo Margarita X-3 es el mejor mientras que en el pozo Margarita X - 4 aún se realizan estudios para ver si existe gas o petróleo.El yacimiento Margarita está ubicado en el sur de Bolivia , se encuentra en una de las zonas más ricas de reservas de gas del país, concretamente dentro del bloque denominado Caipipendi. El campamento petrolero Palos Blancos esta ubicado cerca de la población guaraní Yuati.San AntonioJunto a San Alberto, San Antonio son los campos petroleros más importantes del país y están al mando de Petrobras que actúa en las áreas de negocios de exploración y producción, refinación, transporte y comercialización, distribución, gas y energía. San Alberto y San Antonio poseen las reservas más grandes de Bolivia. La primera planta de procesamiento de gas natural en el campo de San Alberto tiene capacidad para 6.6 millones de metros cúbicos de gas por día.
Tuesday, July 25, 2006
Hezbolá: ¿ha subestimado Israel a su enemigo?
Hoda Saliby
Courrier International
Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Caty R.
Después de una semana de guerra, la fuerza de resistencia de Hezbolá parece intacta. El movimiento chií y su líder, Hassan Nasralá, ganan más popularidad cada día entre la comunidad árabe.
"Desde hace ocho días, el ejército israelí machaca sin tregua Líbano. Ya ha lanzado miles de toneladas de bombas sobre el país. Sin embargo, Hezbolá permanece como un adversario tan indestructible como antes de que se disparasen las hostilidades. No muestra ningún signo de debilidad", señala Ha'Aretz en un análisis de Amos Harel, redactor jefe y especialista en cuestiones militares.
La noche del miércoles 19 al jueves 20 de julio cayeron veinte toneladas de bombas sobre un búnker de Hezbolá en el sur de Beirut. Los datos recopilados por los servicios de información israelíes indicaban que Hassan Nasralá, el jefe de Hezbolá, y altos responsables del movimiento chií se encontraban allí. Pero un comunicado de Hezbolá afirmó que el diluvio de fuego israelí no había afectado a ninguno de sus dirigentes o miembros. Y en el momento de los enfrentamientos que estallaron durante la jornada del 19 de julio entre soldados israelíes y combatientes de Hezbolá en la frontera, "las fuerzas israelíes se quedaron sorprendidas por el armamento y los medios de que dispone este movimiento", añade el autor.
Parecería que, a ejemplo del ejército israelí, Hezbolá se habría preparado para esta confrontación desde la retirada de las fuerzas israelíes de Líbano, en mayo de 2000, es decir, desde hace seis años, comenta el periódico israelí. "A pesar de las pérdidas que ha sufrido y la destrucción de sus puestos de mando, la organización chií está muy lejos de la aniquilación. "Amos Harel coincide con la opinión de diplomáticos europeos que consideran que "Israel cayó en una trampa. El Gobierno israelí no puede detener la operación militar sin haber cosechado una ganancia política. Pero, por otra parte, una confrontación demasiado larga dañará seriamente la moral de los ciudadanos israelíes, que no tienen ninguna garantía de que esta campaña militar dé buenos resultados."
"Con esta acometida alcanzamos la cumbre de lo absurdo", considera por su parte el editorialista de L'Orient-Le Jour. Según el periódico francófono libanés, la estrategia israelí denota un desconocimiento de la realidad "realmente asombroso. No es poniendo a prueba la reconocida capacidad de sacrificio de la comunidad chií con esta feroz campaña militar la forma de levantarla contra Hezbolá. Precisamente convirtiendo el sur de Beirut en un paisaje lunar, en un Nasrallahgrad, es como ha conseguido que el pueblo palestino consagre a Hezbolá como líder de la resistencia islámica.
El error de los israelíes, que reinciden en la guerra y la ocupación, también lo estigmatiza el editorialista del periódico palestino Al-Ayyam. "Israel declaró que liberar a los soldados apresados por Hezbolá no era su único objetivo, sino también la destrucción de este movimiento." Pero al transformar la lucha contra Hezbolá en una guerra contra Líbano, Israel ha otorgado una gran preponderancia a este movimiento. "Frente a una de las fuerzas militares más poderosas del mundo, Hezbolá está dando pruebas de una gran valentía y reforzando su peso político y moral en la región."
Eliminar a Hezbolá se ha convertido en "una quimera, un sueño irrealizable para Israel. En efecto, ¿cómo destruir un movimiento que goza de un sostén popular enorme? ¿Cómo se podría destruir a un partido que representa a una comunidad tan importante como los chiíes de Líbano?"
http://www.courrierinternational.com/article.asp?obj_id=64770
Caty R. es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft y se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
Courrier International
Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Caty R.
Después de una semana de guerra, la fuerza de resistencia de Hezbolá parece intacta. El movimiento chií y su líder, Hassan Nasralá, ganan más popularidad cada día entre la comunidad árabe.
"Desde hace ocho días, el ejército israelí machaca sin tregua Líbano. Ya ha lanzado miles de toneladas de bombas sobre el país. Sin embargo, Hezbolá permanece como un adversario tan indestructible como antes de que se disparasen las hostilidades. No muestra ningún signo de debilidad", señala Ha'Aretz en un análisis de Amos Harel, redactor jefe y especialista en cuestiones militares.
La noche del miércoles 19 al jueves 20 de julio cayeron veinte toneladas de bombas sobre un búnker de Hezbolá en el sur de Beirut. Los datos recopilados por los servicios de información israelíes indicaban que Hassan Nasralá, el jefe de Hezbolá, y altos responsables del movimiento chií se encontraban allí. Pero un comunicado de Hezbolá afirmó que el diluvio de fuego israelí no había afectado a ninguno de sus dirigentes o miembros. Y en el momento de los enfrentamientos que estallaron durante la jornada del 19 de julio entre soldados israelíes y combatientes de Hezbolá en la frontera, "las fuerzas israelíes se quedaron sorprendidas por el armamento y los medios de que dispone este movimiento", añade el autor.
Parecería que, a ejemplo del ejército israelí, Hezbolá se habría preparado para esta confrontación desde la retirada de las fuerzas israelíes de Líbano, en mayo de 2000, es decir, desde hace seis años, comenta el periódico israelí. "A pesar de las pérdidas que ha sufrido y la destrucción de sus puestos de mando, la organización chií está muy lejos de la aniquilación. "Amos Harel coincide con la opinión de diplomáticos europeos que consideran que "Israel cayó en una trampa. El Gobierno israelí no puede detener la operación militar sin haber cosechado una ganancia política. Pero, por otra parte, una confrontación demasiado larga dañará seriamente la moral de los ciudadanos israelíes, que no tienen ninguna garantía de que esta campaña militar dé buenos resultados."
"Con esta acometida alcanzamos la cumbre de lo absurdo", considera por su parte el editorialista de L'Orient-Le Jour. Según el periódico francófono libanés, la estrategia israelí denota un desconocimiento de la realidad "realmente asombroso. No es poniendo a prueba la reconocida capacidad de sacrificio de la comunidad chií con esta feroz campaña militar la forma de levantarla contra Hezbolá. Precisamente convirtiendo el sur de Beirut en un paisaje lunar, en un Nasrallahgrad, es como ha conseguido que el pueblo palestino consagre a Hezbolá como líder de la resistencia islámica.
El error de los israelíes, que reinciden en la guerra y la ocupación, también lo estigmatiza el editorialista del periódico palestino Al-Ayyam. "Israel declaró que liberar a los soldados apresados por Hezbolá no era su único objetivo, sino también la destrucción de este movimiento." Pero al transformar la lucha contra Hezbolá en una guerra contra Líbano, Israel ha otorgado una gran preponderancia a este movimiento. "Frente a una de las fuerzas militares más poderosas del mundo, Hezbolá está dando pruebas de una gran valentía y reforzando su peso político y moral en la región."
Eliminar a Hezbolá se ha convertido en "una quimera, un sueño irrealizable para Israel. En efecto, ¿cómo destruir un movimiento que goza de un sostén popular enorme? ¿Cómo se podría destruir a un partido que representa a una comunidad tan importante como los chiíes de Líbano?"
http://www.courrierinternational.com/article.asp?obj_id=64770
Caty R. es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft y se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
Sunday, July 23, 2006
El nuevo desorden internacional
Gustavo Iruegas
La Jornada
Se inicia en estos días un nuevo capítulo de violencia en la vieja Palestina. No vale la pena preocuparse por cuestiones ya olvidadas del derecho de la guerra, como la proporcionalidad de las represalias o la prohibición de éstas contra la población civil. Todas han sido sustituidas en la práctica por la única limitación que admiten las potencias guerreras: la de su propio poder. Quizás es más útil preguntarse por qué los grandes temas de la guerra prolongan tanto su tratamiento en la organización encargada de la seguridad internacional, que, sin entrar en vías de solución, terminan siendo verdaderos fracasos. Cuatro casos:
Uno. El 26 de junio de 1945, los estados aliados en la Segunda Guerra Mundial acordaron emitir la Carta de Naciones Unidas y con ello crear la organización internacional necesaria para el nuevo orden bipolar. En ese documento se declararon "resueltas a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles". Cuarenta y dos días después, el 6 de agosto, estalló la primera bomba atómica que la humanidad arrojó sobre sí misma.
La primera resolución que tomó la Asamblea General de Naciones Unidas fue la "creación de una comisión que se encargue de estudiar los problemas surgidos con motivo del descubrimiento de la energía atómica". Durante su tercera sesión ordinaria la Asamblea General emitió la resolución 192, dirigida a "la prohibición del arma atómica y a la reducción de una tercera parte de los armamentos de los estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad". La medida se demostró más que ambiciosa pero, eventualmente, fueron constituidas diversas entelequias de la burocracia internacional orientadas a contrarrestar el peligro nuclear que han derivado en la Conferencia de Desarme.
Se considera que a partir del final de la guerra fría el peligro de una conflagración nuclear disminuyó notablemente, porque uno de los beligerantes perdió capacidad e interés en ese tipo de confrontación. Sin embargo, el otro gran beligerante fue capaz de usar la bomba cuando nadie más la tenía. Todavía existen más de 25 mil armas nucleares en el mundo.
Dos. También en su primera reunión, la Asamblea General emitió su resolución 96, que pidió preparar una convención sobre "El crimen de genocidio", "una negación del derecho de existencia a grupos humanos de la misma manera que el homicidio es la negación a un individuo humano del derecho a vivir". La convención entró en vigor en 1951 y asentó: "se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, parcial o totalmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal: a) matanza de miembros del grupo, b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo, c) sometimiento intencional de los miembros del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial, d) medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo, e) traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo". La convención señala como sancionables, además del genocidio mismo, la complicidad, la instigación, la tentativa y la asociación para cometerlo. Igualmente determina que los acusados de tal crimen deberán ser juzgados por un tribunal nacional o una corte penal internacional competente.
Diez años después de cometido el genocidio de 1994 en Rwanda, el secretario general de Naciones Unidas dijo: "El genocidio en Rwanda no debería jamás haber ocurrido. Ni la Secretaría General de Naciones Unidas, ni el Consejo de Seguridad, ni los estados miembros, ni la prensa internacional, prestaron suficiente atención a la evidente acumulación de síntomas de desastre. Ochocientos mil hombres, mujeres y niños fueron abandonados a la más brutal de las muertes, ya que el vecino mató al vecino, y los santuarios como iglesias y hospitales fueron transformados en lugares de matanza. La comunidad internacional fracasó en Rwanda, y eso debe dejarnos con un sentido de amargo rechazo y pena permanente".
Tres. En 1945 los gobiernos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de Estados Unidos decidieron que el ejército japonés se rendiría, al norte del paralelo 38, ante el ejército rojo, y al sur, ante el estadunidense. Entre ambos crearon una comisión encargada de "reconstruir el Estado independiente de Corea", la cual fracasó porque no pudo superar las diferencias entre las organizaciones políticas coreanas que, aunque se reputaban democráticas, favorecían unas a la URSS y otras a Estados Unidos. El asunto fue llevado a la Asamblea General de Naciones Unidas en 1947, la que instaló una comisión temporal para la desocupación y la formación de un gobierno nacional de Corea. La comisión celebró elecciones en el sur ocupado y administrado por Estados Unidos. Así, fue proclamada la República de Corea y su gobierno reconocido por la comisión como "único gobierno nacional de una Corea reunificada" y, consecuentemente, único con representación internacional. Ante esto, en el norte se proclamó en 1948 la República Democrática Popular de Corea, y su gobierno fue reconocido por la URSS como "único gobierno legal de Corea". A finales de ese año la URSS desocupó Corea del Norte y la Asamblea General reconoció como "único gobierno legal de Corea" al del sur. Las tropas de Estados Unidos permanecieron en el sur bajo la bandera de Naciones Unidas. El norte invadió al sur y Estados Unidos lo defendió y China respaldó al norte. Después de 4 millones de vidas perdidas, la frontera volvió a donde se inició el conflicto, el paralelo 38.
Fue hasta 1972 que ambos gobiernos anunciaron el final de las hostilidades y el inicio de trabajos para la reunificación; en 1990 el Consejo de Seguridad aprobó la admisión en la organización de las dos Coreas, como miembros 160 y 161, y en 1991 firmaron un acuerdo de reconciliación, no agresión, intercambio y cooperación.
En la actualidad Corea del Norte tiene un programa de desarrollo de energía y armas nucleares, y Estados Unidos la ha incluido en su lista de países integrantes del eje del mal, distinción que comparte con Bielorrusia, Cuba, Irak, Irán, Libia, Siria y Zimbabwe. En la práctica, la reunificación de Corea queda diferida sine die.
Cuatro. Todavía en los albores de su existencia, en noviembre de 1947, la Asamblea General emitió su resolución 181 (II) bajo el rubro de "Futuro gobierno de Palestina". Se había recibido el informe de una comisión especial que propuso un "Plan de partición con unión económica", que implicaba la creación de dos gobiernos, uno árabe y otro judío, y una Unión Económica de Palestina, que eventualmente conducirían a "examinar con benévola atención su solicitud de admisión como miembro de Naciones Unidas". La ciudad de Jerusalén sería constituida como corpus separatum bajo un régimen internacional especial que sería administrado por Naciones Unidas. El 11 de mayo de 1949, tomando nota de la declaración del Estado de Israel de que acepta sin reservas las obligaciones consagradas en la Carta de Naciones Unidas y se compromete a cumplir dichas obligaciones, la Asamblea General decide admitir a Israel como miembro de Naciones Unidas y así lo consigna en su resolución 273 (III). Pero es hasta 1974 que la Asamblea General reconoce que el pueblo palestino tiene derecho a la autodeterminación de conformidad con la Carta de Naciones Unidas y lo invita a hacerse representar en calidad de observador en los trabajos de la organización. No se reconoce a Palestina como Estado, ni como amante de la paz, ni como miembro de la organización. Pero es un gran triunfo palestino.
A finales de 2005, la Asamblea General emitió su resolución 60/179 -prácticamente igual a la 59/179 que emitió en 2004-, en la que "reafirma el derecho del pueblo palestino a la libre determinación, incluido su derecho a un Estado de Palestina independiente, e insta a estados y organismos a que continúen prestando apoyo y asistencia al pueblo palestino para la pronta realización de su derecho a la libre determinación".
Entre las resoluciones 181 (II) de 1947 y la 60/179 de 2005 han ocurrido cuatro guerras, dos intifadas y una interminable cadena de atentados y ataques, invasiones, asesinatos y muertes de líderes y jefes y, por supuesto, miles y miles de muertes innecesarias.
Ahora estamos a las puertas de otra guerra, nuevamente en Líbano. Naciones Unidas prepara alguna nueva resolución y quizás otra "operación de mantenimiento de la paz". No será fácil porque Estados Unidos ya tuvo una mala experiencia en ese país y su pueblo podría resistirse a sacrificar a más de sus jóvenes, aunque siempre hay otros gobiernos dispuestos a hacer de sus nacionales la mano del gato.
Vivimos en un nuevo siglo y el orden mundial ha cambiado a uno de hegemonía unipolar, pero tenemos la misma organización internacional y perduran -junto a los nuevos- los viejos problemas del arma atómica, del genocidio, de Corea y, tristemente, de Palestina.
La Jornada
Se inicia en estos días un nuevo capítulo de violencia en la vieja Palestina. No vale la pena preocuparse por cuestiones ya olvidadas del derecho de la guerra, como la proporcionalidad de las represalias o la prohibición de éstas contra la población civil. Todas han sido sustituidas en la práctica por la única limitación que admiten las potencias guerreras: la de su propio poder. Quizás es más útil preguntarse por qué los grandes temas de la guerra prolongan tanto su tratamiento en la organización encargada de la seguridad internacional, que, sin entrar en vías de solución, terminan siendo verdaderos fracasos. Cuatro casos:
Uno. El 26 de junio de 1945, los estados aliados en la Segunda Guerra Mundial acordaron emitir la Carta de Naciones Unidas y con ello crear la organización internacional necesaria para el nuevo orden bipolar. En ese documento se declararon "resueltas a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles". Cuarenta y dos días después, el 6 de agosto, estalló la primera bomba atómica que la humanidad arrojó sobre sí misma.
La primera resolución que tomó la Asamblea General de Naciones Unidas fue la "creación de una comisión que se encargue de estudiar los problemas surgidos con motivo del descubrimiento de la energía atómica". Durante su tercera sesión ordinaria la Asamblea General emitió la resolución 192, dirigida a "la prohibición del arma atómica y a la reducción de una tercera parte de los armamentos de los estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad". La medida se demostró más que ambiciosa pero, eventualmente, fueron constituidas diversas entelequias de la burocracia internacional orientadas a contrarrestar el peligro nuclear que han derivado en la Conferencia de Desarme.
Se considera que a partir del final de la guerra fría el peligro de una conflagración nuclear disminuyó notablemente, porque uno de los beligerantes perdió capacidad e interés en ese tipo de confrontación. Sin embargo, el otro gran beligerante fue capaz de usar la bomba cuando nadie más la tenía. Todavía existen más de 25 mil armas nucleares en el mundo.
Dos. También en su primera reunión, la Asamblea General emitió su resolución 96, que pidió preparar una convención sobre "El crimen de genocidio", "una negación del derecho de existencia a grupos humanos de la misma manera que el homicidio es la negación a un individuo humano del derecho a vivir". La convención entró en vigor en 1951 y asentó: "se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, parcial o totalmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal: a) matanza de miembros del grupo, b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo, c) sometimiento intencional de los miembros del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial, d) medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo, e) traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo". La convención señala como sancionables, además del genocidio mismo, la complicidad, la instigación, la tentativa y la asociación para cometerlo. Igualmente determina que los acusados de tal crimen deberán ser juzgados por un tribunal nacional o una corte penal internacional competente.
Diez años después de cometido el genocidio de 1994 en Rwanda, el secretario general de Naciones Unidas dijo: "El genocidio en Rwanda no debería jamás haber ocurrido. Ni la Secretaría General de Naciones Unidas, ni el Consejo de Seguridad, ni los estados miembros, ni la prensa internacional, prestaron suficiente atención a la evidente acumulación de síntomas de desastre. Ochocientos mil hombres, mujeres y niños fueron abandonados a la más brutal de las muertes, ya que el vecino mató al vecino, y los santuarios como iglesias y hospitales fueron transformados en lugares de matanza. La comunidad internacional fracasó en Rwanda, y eso debe dejarnos con un sentido de amargo rechazo y pena permanente".
Tres. En 1945 los gobiernos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de Estados Unidos decidieron que el ejército japonés se rendiría, al norte del paralelo 38, ante el ejército rojo, y al sur, ante el estadunidense. Entre ambos crearon una comisión encargada de "reconstruir el Estado independiente de Corea", la cual fracasó porque no pudo superar las diferencias entre las organizaciones políticas coreanas que, aunque se reputaban democráticas, favorecían unas a la URSS y otras a Estados Unidos. El asunto fue llevado a la Asamblea General de Naciones Unidas en 1947, la que instaló una comisión temporal para la desocupación y la formación de un gobierno nacional de Corea. La comisión celebró elecciones en el sur ocupado y administrado por Estados Unidos. Así, fue proclamada la República de Corea y su gobierno reconocido por la comisión como "único gobierno nacional de una Corea reunificada" y, consecuentemente, único con representación internacional. Ante esto, en el norte se proclamó en 1948 la República Democrática Popular de Corea, y su gobierno fue reconocido por la URSS como "único gobierno legal de Corea". A finales de ese año la URSS desocupó Corea del Norte y la Asamblea General reconoció como "único gobierno legal de Corea" al del sur. Las tropas de Estados Unidos permanecieron en el sur bajo la bandera de Naciones Unidas. El norte invadió al sur y Estados Unidos lo defendió y China respaldó al norte. Después de 4 millones de vidas perdidas, la frontera volvió a donde se inició el conflicto, el paralelo 38.
Fue hasta 1972 que ambos gobiernos anunciaron el final de las hostilidades y el inicio de trabajos para la reunificación; en 1990 el Consejo de Seguridad aprobó la admisión en la organización de las dos Coreas, como miembros 160 y 161, y en 1991 firmaron un acuerdo de reconciliación, no agresión, intercambio y cooperación.
En la actualidad Corea del Norte tiene un programa de desarrollo de energía y armas nucleares, y Estados Unidos la ha incluido en su lista de países integrantes del eje del mal, distinción que comparte con Bielorrusia, Cuba, Irak, Irán, Libia, Siria y Zimbabwe. En la práctica, la reunificación de Corea queda diferida sine die.
Cuatro. Todavía en los albores de su existencia, en noviembre de 1947, la Asamblea General emitió su resolución 181 (II) bajo el rubro de "Futuro gobierno de Palestina". Se había recibido el informe de una comisión especial que propuso un "Plan de partición con unión económica", que implicaba la creación de dos gobiernos, uno árabe y otro judío, y una Unión Económica de Palestina, que eventualmente conducirían a "examinar con benévola atención su solicitud de admisión como miembro de Naciones Unidas". La ciudad de Jerusalén sería constituida como corpus separatum bajo un régimen internacional especial que sería administrado por Naciones Unidas. El 11 de mayo de 1949, tomando nota de la declaración del Estado de Israel de que acepta sin reservas las obligaciones consagradas en la Carta de Naciones Unidas y se compromete a cumplir dichas obligaciones, la Asamblea General decide admitir a Israel como miembro de Naciones Unidas y así lo consigna en su resolución 273 (III). Pero es hasta 1974 que la Asamblea General reconoce que el pueblo palestino tiene derecho a la autodeterminación de conformidad con la Carta de Naciones Unidas y lo invita a hacerse representar en calidad de observador en los trabajos de la organización. No se reconoce a Palestina como Estado, ni como amante de la paz, ni como miembro de la organización. Pero es un gran triunfo palestino.
A finales de 2005, la Asamblea General emitió su resolución 60/179 -prácticamente igual a la 59/179 que emitió en 2004-, en la que "reafirma el derecho del pueblo palestino a la libre determinación, incluido su derecho a un Estado de Palestina independiente, e insta a estados y organismos a que continúen prestando apoyo y asistencia al pueblo palestino para la pronta realización de su derecho a la libre determinación".
Entre las resoluciones 181 (II) de 1947 y la 60/179 de 2005 han ocurrido cuatro guerras, dos intifadas y una interminable cadena de atentados y ataques, invasiones, asesinatos y muertes de líderes y jefes y, por supuesto, miles y miles de muertes innecesarias.
Ahora estamos a las puertas de otra guerra, nuevamente en Líbano. Naciones Unidas prepara alguna nueva resolución y quizás otra "operación de mantenimiento de la paz". No será fácil porque Estados Unidos ya tuvo una mala experiencia en ese país y su pueblo podría resistirse a sacrificar a más de sus jóvenes, aunque siempre hay otros gobiernos dispuestos a hacer de sus nacionales la mano del gato.
Vivimos en un nuevo siglo y el orden mundial ha cambiado a uno de hegemonía unipolar, pero tenemos la misma organización internacional y perduran -junto a los nuevos- los viejos problemas del arma atómica, del genocidio, de Corea y, tristemente, de Palestina.
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